• Función 1: Jueves 18 de marzo | 20 h. | Anfiteatro del Parque Centenario | Reservá tu entrada
  • Función 2: Sábado 20 de marzo | 19.30 h. | Parque de la Estación | Reservá tu entrada 
  • Función 3: Domingo 28 de marzo | 21 h. | Casa Brandon
  • Función online: Jueves 18 de marzo | 20 h. | Disponible por 72 hs. | Registrate en Vivamos Cultura para verla cuando esté disponible.

En 2007, cuando la cinefilia local venía consumiendo cierta modalidad de cine argentino que rompía con el modo de hacer cine de la generación anterior, aparece en las pantallas UPA! Una película argentina. Independientemente de las apreciaciones de la crítica del momento o de la manera en que conecta con el público, lo cierto es que la propuesta hizo abrir los ojos en relación a ese mundo cinematográfico incipiente, que por los primeros años del milenio se asoció con el rótulo del nuevo cine argentino.

UPA! retrataba de manera ácida esa forma de producción pero al hacerlo también proponía otra manera de construir películas y de asociarse con los géneros. UPA! también forma parte del ese cine local que pugna por traer otros relatos pero deja en claro que el realismo exacerbado no es la única estrategia para romper con la tradición. Su recurso fue hacer una (auto) parodia de este mundo cinematográfico que intenta allanar su camino. La propuesta se redobló en UPA! 2: El regreso (2015). Aquí, si bien el modo en sí no resulta novedoso, el trío Giralt, Toker, Garateguy -en sus roles de director, actriz y productora-, aparecen claramente más delineados, exagerados, haciendo que la propuesta termine de cobrar su dimensión.

A aquellos dos películas se suma hoy (upa!) Una pandemia argentina. Podría haber sido una tetralogía pero las dos películas de esta tercera entrega llevan como subtítulo Lado A y Lado B. Un pequeño giro, y el contrapunto evidente con sus predecesoras, adelanta la dinámica del relato: ¿cómo hacer una película en Argentina en medio de una pandemia?

Los personajes en principio son los mismos pero el tiempo ha pasado. El director -Fernando Solano, interpretado por Giralt– tiene cierto renombre pero aún, habiendo filmado una cantidad considerable de películas, no ha alcanzado estas producciones para ubicarlo en el podio de los nuevos realizadores. Su lucha continúa, pero apuesta por salir de ese estigma de independiente o por lo menos de la escena nacional. Algo similar ocurre con Nina, –Camila Toker-. Aunque ya se la muestra posicionada como una actriz preeminente de la industria local –“es una chica Martel”-, su gran salto justamente alcanzar la industria internacional, ser la nueva actriz de la serie “La casa de papel”. Por su lado Ailén, en su rol de productora, se debate entre seguir con el tipo de proyectos independientes o aprovechar el ofrecimiento de Ariel Winograd, que por supuesto hace de sí mismo o una versión desopilante de un posible Winograd. Y justamente, este proyecto dentro del film, hacer una serie de terror, es el enlace entre el lado A y el lado B de (upa!) Una pandemia argentina.

Mientras que la primera parte está centrada en el impacto que la pandemia y la consecuente cuarentena trae para el proyecto que el trío está armando, la segunda parte consta de una filmación precaria, sin equipo técnico debido a la pandemia, y que opera más bien como un trabajo por encargo de Winograd. El monumental proyecto que se intenta armar en la primera parte, que trata de un relato sobre el multiverso de la figura de Perón y Eva, encuentra obstáculos. En principio se podría culpar a la propia pandemia que frustra un viaje a Los Ángeles para buscar fondos y “estrellas” internacionales que podrían interpretar algunas de las Evitas que conviven en mundos alternos. Pero también en este sentido, es desopilante la intervención de Juan Minujín y Axel Kutchevasky, que aparecen como las figuras claves que podrían hacer realidad esta ambiciosa apuesta. Desde ya, al igual que la intervención de Winograd, Minujín y Kutchevasky aparecen como referentes “reales” pero se trata más bien de un comentario paródico de estas figuras dentro del universo cinematográfico pero desde una mirada local. Minujín, como el actor que logró el gran salto en su representación de “Los dos papas” (2019) en la piel del joven Bergoglio, y Kutchevasky como el productor y periodista de cine argentino que conquista la alfombra roja en Los Ángeles.

La dinámica sigue siendo la autoreferencialidad sobre el mundo del cine, local e internacional, la estrategia a los referentes reales –conserven o no su nombre propio dentro de la historia- en un tono completamente distante al realismo. Esa es su mayor apuesta: la parodia como pilar para construir un comentario. Aunque el Lado A resulta un tanto estático por el recurso de la pantalla de Zoom, responde acertadamente a esa claustrofobia y diálogo entrecortado que acontece durante el 2020. Y no podía ser de otro modo: la primera parte no es ni más ni menos que la experiencia de llevar a cabo un proyecto por videoconferencias. El lado B, pierde ese exceso de pantalla para pasar a la puesta en escena, que sigue siendo claustrofóbica en tanto se trata de filmar en el espacio cerrado de una casona en pleno DISPO. Ambas películas resultan interesantes en tanto articulan con un contexto que, ahora sí, resulta universal y común a todos y no solo a los entendidos en la producción cinematográfica local, pero sin abandonar el objetivo inicial que es el de hacer un comentario sobre el propio trabajo.

(UPA!) UNA PANDEMIA ARGENTINA
De Santiago Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy (Argentina, 2021, 103 minutos. 60 minutos)

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