• Función 1: Jueves 18 de marzo | 19.30 h. | Quetren Quetren | Danés subtitulada al español | Reservá tu entrada 
  • Función 2: Miércoles 24 de marzo | 16.55 h. | Danés subtitulada al español | Museo Sívori
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Si uno se guía por fotos e imágenes del tráiler, puede llegar a creer que Monty and the Street Party es un film destinado a la audiencia infantil, quizás con algunos guiños para padres pero orientado a la familia en la vena Disney-Pixar. Las imágenes de pulido y brillante  3D, los escenarios luminosos, y los personajes de origen familiar aunque más deformes y alterados que de costumbre, pueden hacer pensar en ello. De hecho, los autores daneses  Mikael Wulff y Anders Morgenthaler son conocidos por Wulffmorgenthaler, un comic devenido serie de televisión célebre en su país de origen por su humor sacado e incorrecto y esta película es presentada como una rareza en su producción, como su obra más familiar. Bueno, no es tan así. Las situaciones disparatadas y violentas y algunos personajes border hacen la cosa más discutible, aunque tampoco se van tan al pasto como para considerarla una animación adulta gruesa y brutal al estilo La fiesta de las salchichas. Se trata más bien de un híbrido en donde lo que prima es el humor absurdo y la sátira social.

El escenario es un suburbio de clase media acomodada y el protagonista es Monty, un niño aparentemente normal y corriente, miembro de una de las tantas familias medio disfuncionales que son la norma en la comedia animada desde los Simpson para acá. Su madre abandona a su padre, un ex-hippie que anda por todos lados con su guitarra, y se va con un entrenador de Crossfit pasado de revoluciones y ego. Monty pretende juntar nuevamente a sus padres y para ello organiza una fiesta en el barrio. La idea es que el padre interprete una canción de amor en vivo dedicada a su reciente ex que debería lograr el milagro de reconquistarla. Para esa improbable misión contará con la ayuda de una vecina amiga y ex compañera de juegos y los hermanos de esta, un quinteto indiferenciado de pequeños ingobernables a los que se define criteriosamente como una banda de psicópatas. Mientras tanto un empleado del servicio secreto de Dinamarca acompañado por un perro observa y comenta todo al espectador a través de cámaras de vigilancia. 

El film dispara gags de manera casi ininterrumpida, algunos efectivos, algunos desconcertantes. El absurdo es la norma y el reparto de personajes secundarios que son los vecinos del protagonista es un muestrario de trastornos psicológicos, sociopatías o simples rarezas. Un fisgón, un dúo de neonazis, una pareja de aliens, monjas barbudas, un grupo de nudistas que se desplazan haciendo parkour, y así. El ritmo acelerado no baja casi nunca. Uno de los personajes es el dueño de una bebida energizante no muy recomendable para la salud que altera visiblemente a sus consumidores y, si no fuera un producto ficticio, uno tendería a pensar que es lo que los autores estuvieron tomando y que su efecto es el que se quiere replicar en el espectador. Este ritmo a veces se vuelve agotador y resta efectividad, pero ante la continua serie de disparos es inevitable que cada tanto algunos den en el blanco. 

MONTY AND THE STREET PARTY
De Mikael Wulff y Anders Morgenthaler  (Dinamarca / Bélgica / Suecia, 2020, 80 minutos)

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