Dos hombres que tal vez sean solo uno, se enlazan con pasiones comunes e intereses confluyentes. Este documental es desmesurado, no sólo en su duración que es de casi tres horas sino en la incesante búsqueda de estos personajes que persiguen su deseo de hacer cine sin descanso.

Estos hombres circulan por los márgenes de una ciudad atiborrada de gente. Y ellos mismos se atiborran de alcohol, comida, cigarros y sobre todo se saturan de relatos. El documental se teje con una variedad infinita de relatos de cada uno de los personajes que trascurren en la película. Relatos que se fragmentan, que se mezclan, que se terminan, que se retoman. Relatos que como una Sherezade moderna y contemporánea, sirven para alargar las noches y los encuentros, para rellenar diálogos, para alimentar conversaciones.

Filmada con cámara en mano que a veces suele ser agobiante tanto para los personajes como para los espectadores, le otorga a la película un movimiento incesante, que se mueve entre las calles, entre restaurantes, entre habitaciones de casas repletas de elementos. La desmesura está en aquello que cuenta la película y también en la puesta en escena.

Los personajes están en su mayoría en situación de calle, algunos “cartoneros” aparecen haciendo su trabajo; duermen, beben, se reúnen en la calle. Viven como pueden, relegando sueños y transcurriendo el día a día. Cierta estética de lo callejero, de lo marginal aparece en el documental con toda su potencia, hombre y mujeres que aparecen y desaparecen, que se reúnen en una plaza, que beben juntos, que piden dinero.

Conseguir dinero es una de las consignas del documental. Ese dinero que nunca circula, que siempre está en falta, que se adeuda, que se presta. Este capital, real y simbólico, es la gran falta de estos personajes desposeídos, vagabundos, errantes.

La otra consigna del documental es el cine, el cine en sí mismo, tanto en su realización como en su concreción en películas. Lee Dongwoo dedica su película al maestro Bresson y a la vez varios directores y películas son citadas en los diálogos entre el director y su protagonista. El cine es lo que realmente circula en la película, es la fuerza del deseo que hace que la película avance, tropiece, se choque con sí misma, vuelva para atrás en el tiempo. El cine es lo que de algún modo, mantiene vivos a esos hombres que lo único que ansían es hacer una película.

Desmesurada, políticamente incorrecta, desprolija, agobiante entre muchas otras cosas es Self-Portrait 2020. Pero también es un retrato consiente del entorno, un retrato vivo de una porción de la sociedad que se alimenta solo de sueños y que sufren la falta de dinero y de perspectivas en sus propios cuerpos que, además, es el cuerpo social enfermo y desvalido, fragmentado y desmesurado como el de sus propios protagonistas.

SELF-PORTRAIT
De Lee Dongwoo (Corea del Sur, 2020. 168 minutos)

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