• Función 1: Viernes 19 de marzo | 16.50 h. | Sala Leopoldo Lugones – CTBA | Reservá tu entrada 
  • Función 2: Domingo 28 de marzo | 20.30 h. | Espacio Cultural Carlos Gardel
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En un claro diálogo con La educación sentimental de Gustave Flaubert, Le sel des larmes realiza una sutil pero contundente reflexión sobre las relaciones sentimentales en el marco de la contemporaneidad. Lo que en principio parece ser el dilema moral de un hombre que vive el amor según las pautas de los tiempos que corren, termina siendo un camino de aprendizaje, en cierto sentido, similar al de Frédéric Moreau, protagonista en la novela del siglo XIX.

Para el cineasta francés, el cine tiene su origen en la nouvelle vague. Es de esperarse que una vez más la elección de filmar en blanco y negro se impusiera. Por otro lado, salvo unas pocas apariciones de algún que otro celular o elemento contemporáneo, que nos permite ubicarnos en una circunstancia actual, la estética general de la película hace difícil poder datarla con exactitud. La mayor parte de las tomas de Le sel des larmes podrían extrapolarse sin inconvenientes a la década del 60 del siglo XX.

Luc, interpretado por Logann Antuofermo, se traslada de su pequeño pueblo a París para hacer una audición de ingreso a la Ecole Boulle, un instituto de carpintería y ebanistería. En su pueblo trabaja con su padre en la confección de ataúdes y, a pesar de que Luc tiene una profunda admiración por él, desea dedicar su oficio a la elaboración de insumos para vivos y no para muertos. Pero toda esta información se irá desarrollando a lo largo de una narración que se toma su tiempo. En principio asistimos a ese encuentro de Luc con París y con Djemila casi en simultáneo. Intentado orientarse en una ciudad que no conoce, pida ayuda a esta desconocida a la que en pocos minutos invita a salir. Lo que pareciera ser una historia de amor intempestivo pronto se transforma en los pormenores de un hombre signado por la indeterminación, al igual que el recordado personaje de Flaubert. La dubitación, que va signando cada uno de sus actos, se impone como aquello que caracteriza las relaciones amorosas de Luc.

Al volver a su pueblo se reencuentra con un amor de la adolescencia, Geneviéve, con la que comienza a entablar una relación a pesar de continuar cierto vínculo con aquella chica que conoció en París. Al igual que con Frédéric, Luc determina el destino de las relaciones que va configurando porque él impone las reglas hasta que la figura de Betsy viene a desequilibrar esa mecánica.

La película de Garrel es hermosa y reflexiva, y más de un acierto podría ser mencionado. Pero tal vez su mayor logro sea el proponer que, si bien cada época tiene sus problemáticas afectivas, sus obstáculos en la búsqueda del amor y los vínculos duraderos, hay algo que persiste y, por tanto, que hace viable la relación entre esta historia y aquella que ya tiene más de 150 años: nunca hemos nacido aprendiendo a amar. Cada época cuenta con su manual, sus códigos y lista de permitidos y prohibidos. Y puede ser que actualmente, configurar relaciones sea un logro que presente mayor dificultad que en otros tiempos, pero como sea, siempre existe una educación y un aprendizaje sobre los sentimientos. Finalmente, eso es lo único que ubica a todos los partícipes en el mismo plano.

LE SEL DES LARMES
De Philippe Garrel (Francia, 2019. 100 minutos)

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