• Función 1: Jueves 18 de marzo | 14 h. | Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco | Reservá tu entrada 
  • Función 2: Jueves 25 de marzo | 19.30 h. | Quetren Quetren
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Este último proyecto de Abel Ferrara, presentado oportunamente en Cannes, propicia una dinámica reflexiva recurrente en los tiempos que corren: tratar de equiparar la vida de Ferrara con la experiencia ficcional de la mano de Tommaso -interpretado por Willem Dafoe-, y paso seguido condenar a Ferrara por ser políticamente incorrecto en la vida real y también condenarlo por el tipo de representación femenina que se despliega en la ficción.

Tommaso es un americano instalado en Roma que vive con su mujer Nikki y su pequeña hija Didi, interpretadas por Cristina Chiriac y Anna Ferrara, esposa e hija del realizador. La historia va desplegando diferentes escenarios vinculados con la cotidianeidad de Tommaso: dedica su tiempo a organizar su próximo guión, asiste a clases de italiano, coordina un grupo de actuación, lleva a su hija a la plaza, concurre regularmente a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, etc. En principio todo parece tratar sobre una segunda oportunidad que busca el protagonista como esposo y padre. Gran parte de la prehistoria y del mundo interior de Tommaso resultan accesibles a través de las sesiones de Alcohólicos Anónimos en las cuales el personaje comparte sus inquietudes, fracasos anteriores y dudas respecto de la manera idónea de encarar una relación con una esposa que tiene alrededor de treinta años menos que él. Pero a medida que avanza la historia descubrimos más acerca de las perturbaciones de Tommaso a través de ensoñaciones, delirios o representaciones que resultan difícil para el espectador determinar su estatuto: ¿a qué registro pertenece esa imagen que veo? ¿es un sueño o parte de la imaginación de Tommaso? ¿es esta escena un fragmento de un proyecto cinematográfico incompleto o un simple fragmento onírico? ¿es un trauma?

Y lo cierto es que, a medida que avanza la narración, estas escenas resultan más difíciles de encasillar al tiempo que comienzan a ser bastante perturbadoras. Son estas representaciones de un fuera de campo las que finalmente van configurando el estatuto del protagonista. Es lo real emergente que se impone sobre la realidad. En este sentido, la película es honesta y resulta reprochable que una crítica venga a explicarle a Ferrara los temas que deberían ser llevados al cine. Mucho menos cuando se trata de un protagonista que, aunque genere cierta empatía al comienzo, no resulta bien parado. Esas imágenes que parecen parte de la realidad pero que no lo son tanto, implican ese real que retorna y que, de ninguna manera, él puede simbolizar. Y aquí está en parte la clave para tomar contacto con la propuesta de Ferrara. Suponer que porque Ferrara exhibe la hermosura del cuerpo femenino entonces la propuesta consiste en denigrar a la mujer en cuanto sujeto de acción es no solo pedirle a un proyecto que sea otro, sino que nos ciega respecto de otras reflexiones que Tommaso encara.

Y la honestidad del film también está en no revelar jamás el punto de vista de la mujer, porque lo cierto es que éste resulta inaccesible para Tommaso. Así y todo, hacia el final, aún sin “ver” la realidad desde el punto de vista de su esposa podemos, como espectadores, acceder a su registro de realidad y entender que Tommaso está perdido.

TOMMASO
De Abel Ferrara (Italia, 2019, 116 minutos)

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