Función 1: Sábado 20 de marzo | 19.30 h. | El Cultural San Martín 1 |Reservá tu entrada 
Función 2: Martes 23 de marzo | 16.15 h. | Espacio Cultural Carlos Gardel
Función online: Sábado 20 de marzo | 20 h. | Disponible por 72 hs. | Regístrate por única vez y accedé a las películas online para verlas a partir de su fecha de estreno. Mirá el instructivo.

En el cine de Centroamérica y el Caribe aparecen, especialmente en los últimos años, relatos sobre la inmigración ilegal de personas chinas para la explotación laboral. La trata de personas hacia nuestra región es más habitual de lo que el cine hollywodense y las grandes plataformas nos hacen creer.

En general estas mujeres y hombres llegan a nuestro continente con la intención de que continuar su camino, ya legalizados, hacia Estados Unidos. Pero difícilmente lo consigan. La puertorriqueña El silencio del viento (Álvaro Aponte-Centeno) y la trinitense Moving parts (Emilie Upczak) fueron dos excelentes ejemplos de películas que relatan esas historias.

Vací”, desde Ecuador, se suma con una mirada similar a este cine. No se trata de una historia nueva, sino que tiene un más de un siglo de tráfico y explotación, y es visible en países como México, Cuba o Panamá. En la película de Paul Venegas, la larga historia de la migración ilegal desde China hacia Ecuador está presente en el Sr. Lu, quien hablando con el recién llegado Wong, se sorprende que el barrio La Bahía sea considerado el nuevo Chinatown de Guayaquil. “Hace 40 años éramos muy poco aquí”, relata. Él también fue un migrante ilegal en Ecuador, y permanece trabajando para un personaje oscuro, que sostiene su poder económico en el tráfico de personas y algunos negocios legales, que esconden otros más redituables y algo menos transparentes.

Wong llegó junto con Lei y otras personas apiñados en un barco, del que fueron bajados en un container en el puerto en Manta. Sus pasaportes les fueron retenidos por Chang, y bajo su control son alojados en una casa regenteadas por el Sr. Lu, el anciano gentil llegado hace cuatro décadas.

Mientras Wong trabaja en un depósito de mercaderías, la joven Lei queda a cargo de un locutorio. Ella pagó su transporte hasta Nueva York y reclama su derecho a continuar hasta su destino final. Wong apenas espera juntar algo de dinero poder traer con él a su pequeño hijo. Para eso, por supuesto, deberá pagar gastos que nadie sabe cuáles son ni cuánto significan, cumpliendo todo lo que Chang le ordene.

Vacío tiene entre sus logros trabajar con mucha delicadeza las situaciones extremas y utilizar el lenguaje de sus personajes (la película está casi en su totalidad hablada en chino) para contar la (im)posibilidad de comunicarse y construir un mundo fuera del impuesto por el traficante.

Venegas toma elementos del drama personal solo para dar cuenta de las formas que adquiere la explotación de los migrantes ilegales y no construye un melodrama. Ellos son parte de una comunidad que crece y se sostiene con esos engaños.

Historias como la de Lei y Wong se repiten, los deseos de los explotados de hoy son similares a quienes los preceden, y el futuro es, donde sea y como sea, un vacío lleno de puros interrogantes.

VACÍO
De Paul Venegas (Ecuador, 2020, 92’)

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