• Función 1: Miércoles 24 de marzo | 21 h. | Espacio INCAA Cine Gaumont
  • Función 2: Domingo 28 de marzo | 13.30 h. | Museo de Arte Español Enrique Larreta
  • Función online: Miércoles 24 de marzo | 21 h. | Disponible por 72 hs. | Registrate acá

Luego del golpe que derrocó a Perón en 1955, casi de inmediato nació la resistencia peronista que se las arregló para que el peronismo proscripto durante la “Revolución fusiladora” la historia y la épica del movimiento se mantuvieran vivas durante 18 años. Un período durante el cual no se podía nombrar a Perón, mientras el cuerpo de Evita deambuló por el mundo para evitar que los seguidores transformaran su tumba en un lugar de peregrinación. Todos conocemos de los fusilamientos en terrenos baldíos y de las redadas que terminaban con militantes en la comisaría más cercana.

Pero hubo otra resistencia, no tan conocida, que tuvo pocos relatores, quizás porque la virulencia de lo ocurrido quedó oculta y olvidada. La resistencia a la dictadura de Videla. Como las fuerzas armadas se pusieron al frente de la cacería de militantes, de líderes y simpatizantes de los movimientos populares, no hubo registro de lo que iba pasando en los lugares de trabajo, en las fábricas, en los talleres, en lo que era el mundo del trabajo de aquella época. Todos conocemos lo que pasó en el ámbito académico, sabemos de los exiliados y de la censura que castigó a creadores de todo tipo. Pero por debajo de lo que conocemos, hubo otra clase de perseguidos, gente de trabajo que no tuvo forma de esconderse, que no eran dirigentes, que no tenían cobertura, que vieron que además de una lucha violenta con desaparecidos, torturados y exiliados la dictadura puso en marcha un plan económico tan genocida como la que los militares llamaron “guerra sucia”.

El plan económico de Martínez de Hoz y de los grupos de poder que le dieron a ese golpe el carácter de algo más que un golpe militar, esta vez era un golpe cívico-militar y el brazo económico nos endeudó y eliminó una industria nacional que con sus errores y sus falencias daba trabajo a millones de obreros de las zonas fabriles.

Se va a acabar, la nueva película de David “Coco” Blaustein junto a Andrés Cedrón, va al rescate de aquellos peronistas de base, los que se asumen como “milicia montonera” pero que no tenían posibilidades de escaparse y elabora con esos relatos, donde se entrecruzan los que aún hoy tienen una Unidad Básica en su casa y dirigentes sindicales que arriesgaron sus vidas en aquellos años en que los “Chicago Boys” ejecutaban económicamente lo que los militares llevaban adelante en la sociedad civil, años de muerte y destrucción narrados por los que aún sabiendo que los cazadores tenían el gatillo fácil, seguían  su labor militante.

Un documental doloroso que por momentos apela a las ilustraciones de Victor Caballero y Leandro Picarreta que junto a la música del Juan Tata Cedrón y su cuarteto, todos ellos conforman una estética reconocidamente peronista, de ese peronismo a lo Favio que cuenta recibió una pelota desde un tren y se hizo peronista porque no sabían que era una pelota y hasta ese momento no sabían ni siquiera que existían las zapatillas. ¿Y como no te ibas a hacer peronista” dice uno de los testimonios del documental que rescata lo más noble de una militancia que los negacionistas de la historia ocultan.

SE VA A ACABAR…
De David Blaustein y Andrés Cedrón  (Argentina, 2021. 115 minutos)

Compartir

1 Comentario

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here