• Función 1: Jueves 25 de marzo | 21 h. | Espacio INCAA Cine Gaumont | Reservá tu entrada 
  • Función 2: Viernes 26 de marzo | 19 h. | Museo Sívori – Aire Libre | Reservá tu entrada 
  • Función online: Jueves 25 de marzo | 21 h. | Disponible por 72 hs. | Regístrate por única vez y accedé a las películas online para verlas a partir de su fecha de estreno.*Mirá el instructivo

Bahía Blanca es antes que todo una película de obsesiones. Mario es profesor universitario, es un neurótico – como muchos de nosotros- un tipo común atravesado por una pena de amor. Un obsesivo que solo necesita dejar de pensar, olvidar; gran paradoja- que decide emprender un viaje a Bahía Blanca, ciudad de la que “nunca había oído nada bueno”. Este desplazamiento marcado por una negación, dibujará su derrotero que se transformará en un recorrido más interior que exterior.

La película es una transposición de la novela de Martin Kohan que dialoga con su obra original rescatando el tono, el registro y acentuando con materiales cinematográficos el modo de estar en el mundo de esos protagonistas. Por ejemplo que los planos sean en su mayoría estáticos y que los personajes aparezcan de pronto dentro de ellos, expone la soledad y los conflictos de relación de todos esos hombres y mujeres; también los primeros planos colaboran y dialogan con la obra original. Las secuencias en las que solo vemos el paisaje de esa ciudad, un poco pueblerina, paisajes vacíos y melancólicos o en otros casos edificios destruidos o vacíos rescatan el registro de la obra literaria. El mismo Kohan aparece abriendo la película encarnando a un secretario de la universidad que habilita a Mario a viajar a Bahía Blanca para finalizar una investigación en curso sobre Martínez Estrada. Kohan habilita al personaje a realizar un viaje exterior, que se trasformará en un viaje interior, en un exilio voluntario, pero también habilita el desarrollo de la narración.

La película comienza siendo una historia intimista, repleta de secretos, de cosas no dichas y se va transformando en una especie de thriller y a la vez una historia de amor basada en la obsesión y cruzada por la muerte. Mario es el tipo que quiere olvidar. ¿Se puede olvidar? El olvido forma parte de la memoria, tal vez solo funcione como un dispositivo que permite que el mecanismo de la memoria se ponga en funcionamiento. La memoria que está en la película en la insistencia de los museos a los que Mario nunca llega aunque sean su meta, es representativo. Llama la atención que el único museo al que ingresa esté vacío y derruido y le sirva para deshacerse de un elemento crucial. Mario supone que el silencio de la palabra dicha lo llevará al olvido, nada de esto será posible. Ese tipo que se contrae sobre sí mismo durante gran trecho de la película, cuando se expande aparecen los otros y se produce el desastre, esa confesión que desata la segunda parte agudizando la neurosis del personaje. Tal vez, esa expansión también hace reaparecer el deseo con toda su potencia y sea más fuerte como motor que la culpa.

Bahía Blanca es la primera película de Rodrigo Caprotti y aparece en el escenario del cine argentino actual con fuerza, diseñando una narración bien estructurada y una puesta que cohesiona las ideas de la novela. Las buenas actuaciones de Guillermo Pfening, Elisa Carricajo, Javier Drolas, Marcelo Subiotto y Ailín Salas, dan empuje a la película aunque a veces algunos parlamentos parezcan forzados. Igualmente, el riesgo que asume el director y su resolución, en general, marca un muy buen comienzo.

BAHÍA BLANCA
De Rodrigo Caprotti (Argentina, 2020. 82 minutos)

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