Estreno en salas.

A veces, en el cine como en la vida, la intención es lo que vale. Pero no siempre. En el caso de Ojos de arena la loable pretensión de las guionistas Marcela Marcolini y Alejandra Marino, contar a través de una trama policial la relación entre la trata de mujeres para la explotación sexual y el secuestro de jóvenes y niñxs, no se concreta en la película, que apenas supera este ínfimo resumen.

Carla es psicóloga y trabajaba en una fiscalía. En ese contexto se comprometió personalmente con el caso de una joven rescatada de una red de trata. Fue entonces cuando, mientras jugaba en una plaza, fue secuestrado su pequeño hijo Juan. Esa situación destrozó su matrimonio, atravesado por la culpa y el reproche. Luego de un tiempo ella y su ex pareja, Gustavo, encuentran una pista para seguir buscando al niño.

Así llegarán al caserón de Inés y Horacio, una extraña pareja que también había perdido a su hija. Ella podría ser víctima de la misma red, y de la misma persona que había amenazado a Carla. En ese barrio, oh casualidad, se comunica con ellos, a través de una red social, una vidente que busca a su nieta. Ella los invita a su casa para compartir información. La trama policial se completa con las vinculaciones de Horacio con prostíbulos, un remisero que aparece cuando Carla anda por ahí caminando, muertes extrañas y sospechas barriales.

La película se construye como un thriller sutil, sin violencias explícitas y con un conjunto de premisas basadas en partes iguales en realidades y arbitrariedades. Estas últimas permiten que las piezas encajen para que la trama avance. El trazo grueso en la construcción de los personajes, las formas de consumo de las clases medias, los vicios de los poderosos y el silencio de los testigos, son herramientas que el guion usa de forma casi recurrente.

El contexto y la reconstrucción de la trama delictiva de los secuestros y explotación está presente en el relato, y esa intención inicial, sumada a la búsqueda de montarla en un relato policial que no priorice la violencia ni los excesos, son reconocibles en la película. Sin embargo, un guion que no profundiza en las relaciones del poder, ni en la construcción de los personajes, y que articula sus acciones definitorias mediante arbitrariedades, impide que aquella intención inicial se expanda, más allá del deseo manifiesto de sus realizadoras.

OJOS DE ARENA
Ojos de arena. Argentina, 2020.
Dirección: Alejandra Marino. Guion: Marcela Marcolini y Alejandra Marino. Intérpretes: Paula Carruega, Ana Celentano, Joaquín Ferrucci, Victoria Carreras y Manuel Callau. Fotografía: Connie Martin. Música: Pablo Sala. Arte: Ana Julia Coquet. Producción: Jorge Rocca. Duración: 92 minutos.

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