De territorios y de lenguas, de padres e hijos, de blancos y negros, de leyendas e historias habla Richard Shpuntoff en esta película que en principio descoloca al espectador. Los subtítulos parecieran no coincidir con las imágenes ni con el relato en off, el inglés y el castellano se cruzan y se descruzan en la voz, en el subtítulo y en las imágenes. De esta manera la película conforma varios relatos que hablan de la doble pertenencia de su director, la lengua es el territorio que habitamos, más allá de donde estemos residiendo, es una especie de patria desde donde podemos intentar comprender el mundo. La lengua se habita, como los espacios, como los territorios, como los países, como las ciudades.

Pocas veces importa la biografía del director pero en este caso es relevante, porque aporta líneas de lectura interesantes. Richard Shpuntoff nacido y criado en Nueva York, es traductor y cineasta, en el 2002 se muda a Buenos Aires y durante años ejerció la tarea de subtitular películas, por eso en Todo lo que perdí en un instante pone en duda, tensiona el trabajo del subtitulado mientras que releva la importancia inexacta de esa tarea.

Bilingüe en todo sentido, Shpuntoff comienza su relato desde la intimidad de sus raíces, su infancia, su padre; lentamente la película va deslizándose hacia la esfera de lo público, la política concreta en ambas ciudades. Va armando una comparación, lúcida, entre Nueva York y Buenos Aires, sus autopistas, sus luchas sociales, sus políticas antipopulares. ¿De quién son las ciudades?, ¿Qué es lo que la política no dice? ¿Qué territorio confuso es eso que se llama América? Estos interrogantes la película intenta responderlos a la vez que los tensiona con citas de José Martí, al Gauchito Gil y Roque Saenz Peña, entre otros.

En el inicio de la película, el director canta junto con sus hijas un tango que resulta una de las claves de esta película que estalla en sentidos posibles, el tango es Nada, ese que dice, “Nada nada queda en mi casa natal, solo telarañas que teje el yuyal”. De espacios y territorios; el de la lengua, el de la pertenencia, el del padre, el de las hijas, el de la política, el de las casas, el de la memoria, el de la urbanidad habla esta película que interesa tanto como desconcierta con inteligencia, valor tan devaluado últimamente en materia cinematográfica.

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