Una obra inconclusa de Bertolt Brecht encuentra, en una Brasil atemporal, un nuevo escenario para desplegar su extraño encanto. Pan y gente de Renan Rovida, destaca por atomizar el corpus brechtiano en toda la propuesta, desde el sobresaliente trabajo estético de los encuadres y movimientos de cámara hasta sus temáticas histórico políticas tan cercanas al presente latinoamericano como el pasado alemán.

Toda dinámica espectatorial será interpelada, conmovidos y en “piloto automático” seremos interpelados abruptamente con un chiste o un reto que nos propicie algún personaje. El distanciamiento no es una opción, pero tampoco seremos arrojados al solipsismo de nuestros pensamientos, Pan y gente es generosa, entrega historias y grandes momentos.

Evadiendo el sentimentalismo duro la propuesta, con una hermosa fotografía en blanco y negro, apunta a escenificar postales de una ciudad común. La dificultad del trabajo y las presiones, producto de las dinámicas antinaturales a las que el sistema de precarización nos arroja, son algunos de los problemas que atraviesan su elenco de personajes, temas duros de roer pero que a fuerza de ritmo y poesía dejan un sabor tan profundo como el café.

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