Disponible en la plataforma MUBI.

Este mes se cumple un año del fallecimiento del realizador japonés Nobuhiko Obayashi y Labyrinth of Cinema es su última película, realizada a sabiendas de que la muerte rondaba cerca. La película, más experimental que documental o narrativa, se presenta como una heroica afirmación antibélica y para ello recorre 100 años de la representación de las historias de guerra en el cine japonés.

El punto de partida para Labyrinth of Cinema es ¿cómo afrontar 3 horas de una película experimental, ambigua, que dialoga con todo el cine japonés de perfil bélico? En principio, hay que remarcar que la última producción de Nohiko Obayashi es hermosa, impactante por momentos, insoportable por otros. Expande todos los códigos, referencias y patrones cinematográficos conocidos para, desde lo familiar, construir mundos posibles. En el transcurso de la película es frecuente el uso del encuadre remarcado artificialmente como si la imagen se insertara en un televisor de la década del 50 o bien, como si se tratara de un subrayado en iris inspirado en el cine mudo. También lo subtítulos son recurrentes, así como las citas musicales, poemas populares e historias heroicas.

La narración, aunque mínima, se desarrolla en Onomuchi, una pequeña localidad de Hiroshima. El cine del pueblo está por cerrar y se prepara una última función con proyecciones sobre películas japonesas de guerra. Todo parece indicar que en la confluencia entre la muerte real del cineasta y la muerte del cine se teje una atmósfera melancólica, pero no realmente. La película traza puentes temporales en los que el pasado y el futuro se tocan permanentemente. Noriko (Rei Yoshida), una niña de 13 años que desea conocer el mundo a través del cine, es tanto la mirada inocente que se proyecta al futuro como la víctima de diversos conflictos del pasado, incluyendo la explosión de la bomba de Hiroshima. De igual modo, la película atraviesa escenarios futuristas y fantásticos, aparentemente anclados en el presente en donde el pasado parece actualizarse en cada enunciación de los protagonistas.

Obayashi concibe el cine como una máquina del tiempo que no respeta líneas temporales claras. Lo mismo sucede con el espacio. En una imagen partida vemos de un lado la montaña Kilauea en Hawai y del otro el monte Fuji en Japón. El narrador nos explica, a través de esta imagen, que a pesar de que Japón y Estados Unidos han tenido alguna vez un conflicto bélico, la naturaleza acerca día a día estos dos territorios debido a la fuerza de la placa tectónica del Pacífico.

Esta última función que prepara el cine de Onomuchi parece también ser la primera. Los espectadores tienen la misma inocencia que tuvieron aquellos que descubrieron el cinematógrafo. Podemos ver cómo se suma una orquesta en vivo y a la lejanía se escucha un sonido de tren que remite, claramente, al corto de los hermanos Lumiére. Podríamos arriesgar que esta última película del director, y dentro del film la última película que se proyectará en Onomuchi, recrean también las condiciones de una primera vez, pero también tiene la grandilocuencia de ser todas las películas. El cine pretende proyectar varias películas para los vecinos y Obayashi pretende, en Labyrinth of Cinema, hacer una síntesis del cine bélico japonés para contrarrestarlo con una afirmación por la vida. El resultado se acerca más a una alegoría, a un permanente corrimiento de una imagen detrás de otra en la que se hace imposible obtener una totalidad. ¿Es una primera película, una última película, son todas las películas? Labyrinth of Cinema también es una no película. Esta es la lógica que se desprende de semejante aventura visual. El cine nos enseña sobre la vida y la vida sobre el cine. Las fronteras entre lo que una película es o no es se torna difusa. Al igual que el estatuto de los protagonistas, que están tan absortos en la proyección que terminan dentro de las situaciones bélicas que se desarrollan: la guerra ruso-japonesa, la guerra civil, las hazañas de los samurais o la catástrofe de Hiroshima.

Frente a la pregunta de cómo afrontar tres horas de este ritmo visual y autoreflexivo, la respuesta es “como se pueda”. Deteniendo la imagen, tardando seis horas en vez de tres de corrido, como resulte más sencillo. Sería una lástima perdernos la maravilla de estas imágenes porque la totalidad resulta difícil de digerir. En tanto es una “no” película, puede reinventar las reglas de su visionado y la plataforma de MUBI te permite dialogar con Labyrinth of Cinema a tu medida.

LABYRINTH OF CINEMA
Labyrinth of Cinema. Japón, 2019.
Dirección, guión y montaje: Nobuhiko Obayashi. Intérpretes: Takuro Atsuki, Yoshihiko Hosoda, Takahito Hosoyamada, Rei Yoshida. Duración: 179 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here