Disponible en Netflix.

Luego de su ópera prima La corte (Court, 2018) dirigida por el cineasta indio Chaitanya Tamhane, ganador del premio al mejor director en el 16º Festival de cine de Mumbai; su segunda película es El discípulo (2020) que habla del dilema existencial que atraviesa un joven para convertirse en músico, enfrentando la dicotomía entre las tradiciones y la modernidad, los mandatos familiares y el deber ser.

Desde el inicio observamos la mirada de admiración de Sharad (Aditya Modak) hacia su gurú (el músico Arun Dravid) cuando canta un raga -la música tradicional clásica de la india- ante un pequeño auditorio. El joven forma parte del grupo musical y lo acompaña con su instrumento a cuerdas. Su afición al raga fue transmitido por su padre desde pequeño, quien le inculcó el rigor y la disciplina que exige llegar a ser un gran músico. El joven veinteañero toma clases, es autoexigente y focaliza su vida sólo alrededor de la música. Pero el mundo cambió y la realidad ejerce presión sobre sus deseos. Sharad deberá lidiar con la resistencia al cambio, las frustraciones y la verdad.

Tamhane sigue de cerca los pasos de su protagonista sin intromisión, dejándolo a su libre albedrío. Elige suaves travellings para observar las diversas presentaciones que hace el grupo. Allí, la cámara se adentra con discreción y elegancia hasta bajar y captar la experiencia sensorial de una melodía basada en pocas notas musicales, pero que demanda un esfuerzo emocional y corporal a quien la interpreta.

El desafío de brillar en la escena musical no es para muchos, sólo llegan los mejores y los más pacientes, una cualidad que no se ajusta a la inmediatez que exige la sociedad actual para alcanzar el éxito. Ante esa ambivalencia, el protagonista enfrenta sus conflictos y dilemas que lo conectan con el pasado.

A través de flashbacks se narra la niñez de Saharad junto a su padre, quien le enseñó el amor por la música con exigencia y disciplina, a una edad en la que otros chicos jugaban. Esa experiencia temprana se une al presente, incidiendo en sus ideales y en respuesta a la austeridad y fijación en la que vive.

En ese devenir de obsesiones, las contradicciones asoman como un respiro cuando se masturba frente a una película porno, o parcialmente en sus viajes en moto por la ciudad escuchando las lecciones de Maii, la maestra gurú de su padre. Una imagen que se muestra ralentizada y en sintonía con el tono de meditación del audio que escuchamos en off.

Al recurso de los flashbacks, se suma el uso de la elipsis temporal y el flashforward que van definiendo el estilo audiovisual de un realizador que, como hemos visto hasta ahora, optimiza con solidez las herramientas del discurso cinematográfico, alejándose de la linealidad narrativa tradicional.

El discípulo es una película muy interesante desde lo formal y, al igual que muchas películas indias, se compone de algunos cuadros musicales clásicos propios de su cultura (tal vez excesivos y monótonos). En este caso, la música diegética funciona en relación al perfil del personaje, al que Chaitanya Tamhane muestra con muchos matices hasta su madurez. En ese camino de vida, la constante búsqueda hacia las certezas, lo pondrán de cara a la identidad que lo define.

EL DISCÍPULO
The Disciple. India, 2020.
Dirección y guion: Chaitanya Tamhane. Intérpretes: Aditya Modak, Arun Dravid, Sumitra Bhave, Deepika Bhide Bhagwat, Kiran Yadnyopavit, Abhishek Kale, Neela Khedkar, Makarand Mukund, Kristy Banerjee, Prasad Vanarse. Fotografía: Michal Sobocinski. Música: Aneesh Pradhan. Duración: 127 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here