El terror religioso ha probado ser uno de los más efectivos dentro del género, capaz de ponerle los pelos de punta al ateo mejor plantado. La materia prima es inmejorable: el Bien y el Mal, la tentación, la caída, el pecado, la sangre, la corrupción, la carne, la condenación y una liturgia que puede ser verdaderamente inquietante. Notarán además que este presunto Top 5 es más bien un Top 7. Podríamos mentir y decir que queríamos alcanzar el número perfecto según la Biblia y más embustes, pero nos confesamos: la verdad es que hicimos trampa para incluir más películas. Que Dios nos perdone.

Madre Juana de los ángeles / Matka Joanna od Aniolów (1961), de Jerzy Kawalerowicz. Con Lucyna Winnicka, Mieczyslaw Voit, Anna Ciepielewska, Maria Chwalibog y Los demonios / The Devils, de Ken Russell (1971). Con Vanessa Redgrave, Oliver Reed, Dudley Sutton, Max Adrian, Gemma Jones.
Hay una razón concreta e indiscutible para vincular estas dos películas y es que ambas están basadas en el mismo caso: la presunta posesión demoníaca de un grupo de monjas en un convento en Loudun, Francia, en el siglo XVII. En 1961, el polaco Jerzy Kawalerowicz tomó este episodio histórico, adaptando la novela “Madre Juana de los ángeles” de su compatriota Jarosław Iwaszkiewicz. Con una deuda evidente con el cine de Carl Dreyer y filmada en un blanco y negro donde predominan los blancos (destacan los uniformes de las monjas) y los grises claros que se dejan invadir por la oscuridad de la atmosfera malsana. El film consigue dar escalofríos con los movimientos espasmódicos, las voces transfiguradas, los rostros y las miradas alucinadas que delatan la presencia de la locura o del mal, o de ambos.

Madre Juana de los ángeles se puede ver acá: Link

Diez años después el inglés Ken Russell hizo un abordaje totalmente distinto al de Kawalerowicz pero no menos genial. Los demonios es la imaginería fantástica de Russell en su máxima expresión. Al exceso, el desenfreno y la locura de la historia (que adapta parcialmente el famoso libro de Aldous Huxley “Los demonios de Loudun“) le corresponde una creatividad desatada y un rosario inagotable de herejías visuales que logró que la película fuera prohibida en medio mundo. Con Oliver Reed como un libertino memorable y Vanessa Redgrave en estado de gracia maligna.

Los demonios: Link

El exorcista /The Exorcist, de William Friedkin (1973). Con Linda Blair, Max von Sydow, Ellen Burstyn, Jason Miller, Lee J. Cobb.
Un clásico absoluto del cine de todos los tiempos. William Friedkin, quien venía de romperla con Contacto en Francia, adaptó el best seller de William Peter Blatty y cambió la historia del cine de terror, lo masificó y traumó a más de una generación, sentando además la base para incontables imitaciones. Sería la consagración de su director y de la pequeña Linda Blair, y a ambos les esperaba un destino de ángeles caídos en consonancia con una maldición diabólica que según la leyenda ya rondaba el proyecto desde el rodaje. Quedaron escenas memorables e imágenes icónicas grabadas en la memoria popular. Verla hoy, casi cincuenta años después de su estreno, sigue siendo una experiencia aterradora. Pocas veces antes el cine mainstream se atrevió a coquetear de esa manera con el mal, y pocas veces lo haría después.

Disponible en Apple TV y para alquilar en Google Play y YouTube

Satánico pandemónium (La sexorcista), de Gilberto Martínez Solares (1974). Con Enrique Rocha, Cecilia Pezet, Delia Magaña, Clemencia Colin, Sandra Torres y Alucarda, la hija de las tinieblas, de Juan López Moctezuma (1977). Con Tina Romero, Susana Kamini, Claudio Brook, David Silva.
Dos de las películas más atrevidas vienen de México, país muy católico y también con una tradición interesante de cine de terror. Satánico pandemónium arranca de manera más o menos sutil con un elegante Luzbel tratando de tentar a la virtuosa Sor María, quien rechaza como puede los embates del demonio. Pero a medida que estos ataques arrecian la cosa se va al pasto, la carne prueba ser débil y Sor María cae en una espiral descendiente con escenas cada vez más depravadas que incluyen flagelaciones, lesbianismo, corrupción de menores, asesinatos y profanaciones varias. El final parece sacado de alguna fantasía anticlerical de Luis Buñuel, a quien no hubiese disgustado tanto descaro.

Satánico Pandemonium se puede ver acá: Link

Tres años después, López Moctezuma, quien venía de hacer una película desquiciada como La mansión de la locura (1972), redobló la apuesta con más desnudos, más sexo, mas tortura, más desenfreno y mucha más blasfemia. Alucarda, la hija de las tinieblas cuenta la posesión diabólica de dos novicias en un convento basándose un poco en la novela “Carmilla” de Sheridan Le Fanu, un poco en “Justine” del Marqués de Sade y otro poco en locuras salidas de algún lugar recóndito de la mente infernal de su realizador. Uno se pregunta al ver esto cómo es que alguien lo permitió, pero bueno, eran los 70. Aún con esto en cuenta, ambos films, sobre todo el segundo, son una experiencia fuerte y constituyen dos pilares del Nunsploitation, el cine de explotación con monjas. Si, ese también es un género.

Alaucarda se puede ver acá: Link

La bruja / The VVitch: A New-England Folktale, de Robert Eggers (2015). Con Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Lucas Dawson, Ellie Grainger.
Es sabido que las personas más devotas e incorruptibles son las más apreciadas para el Diablo a la hora de acosar, tentar y maldecir. En ese sentido la familia que protagoniza el film es la víctima ideal. Expulsados de una aldea colonial profundamente cristiana por ser demasiado intensos, estos puritanos van a establecerse al borde de un inexplorado y amenazante bosque y ahí van a tener que probar su fortaleza ante los episodios sobrenaturales que empiezan a acosarlos de manera cada vez más insistente. El primer film de Robert Eggers se basa en crónicas y escritos del siglo XVII en la Nueva Inglaterra que en esa época alumbrará una histeria de masas relativa a los casos de brujería y daría lugar a los famosos juicios de Salem. La originalidad de Eggers es tomar esas crónicas y presentarlas como reales, o por lo menos así lo son para sus protagonistas, que se van desmoronando y van quebrando sus lazos, víctimas de la desesperación. El paisaje agreste y amenazante del bosque es tanto un escenario como un protagonista, el clima opresivo y las atmósferas son inquietantes y el final espeluznante y desolador.

Disponible en Netflix.

Saint Maud, de Rose Glass (2019). Con Morfydd Clark, Jennifer Ehle, Lily Knight, Lily Frazer.
Uno de los mejores debuts de los últimos años y una de las películas más exquisitamente perturbadoras. Maud es una enfermera de pasado turbio y una convicción religiosa en la senda del fanatismo. Con experiencia en asistir a personas con enfermedades terminales, Maud está menos interesada en aliviar el dolor físico que en salvar las almas, y ve en los cuidados a una bailarina retirada con cáncer su oportunidad para desarrollar su vocación mesiánica. La absoluta certeza de Maud acerca de su destino da lugar a escenas tan atrapantes como incómodas y la hacen emprender un camino de obsesión que hacen pensar en una mezcla de Taxi Driver con La Pasión de Juana de Arco. El primer largometraje de Rose Glass (un nombre a tener en cuenta a futuro) presenta una imaginería visual elegante y siniestra que brilla en las visiones que asaltan a su protagonista, y la inteligencia del relato hace que siempre quede la duda acerca de la realidad de lo que se está presenciando, aunque sus efectos sean terribles.

Disponible en Flow y para alquilar en Google Play y YouTube.

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