La situación de Medio Oriente está en todas la noticias y casi que no importa cuándo se escriba esto. Lo cierto es que más allá de la rabiosa y trágica realidad del presente, la tensión en la región se prolonga casi desde siempre y el buen cine retrata el conflicto con una serie de interrogantes que no encuentran respuestas, pero sirven para reflexionar sobre la condición humana en medio de un ajedrez geopolítico, la mayoría de las veces incomprensible.

It Must Be Heaven / De repente, el paraíso, de Elia Suleiman (Palestina, 2019)
La última obra del cineasta nacido en Nazaret expresa la extrañeza del palestino ante el mundo y la rareza de ser palestino en ese mismo mundo. Suleiman, protagonista de la película, mira todo como si no pudiera entenderlo ni ser entendido. ¿Qué es ser palestino frente al mundo? ¿Cómo es parecer siempre ajeno, siempre algo raro? Suleiman es una suerte de Jacques Tati mediooriental y actual. Con esa parsimonia nos enseña lo delirante que es la normalidad, y el mundo, visto así, solo puede ser un lugar inexplicable.

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Wajib / Invitación de boda, de Annemarie Jacir (Palestina, 2017)
En Wajib la realizadora sigue a Abu Shadi mientras reparte las invitaciones al casamiento de su hija. Su hijo, arquitecto que vive en Roma y regresa para la boda, lo acompaña en el recorrido. La película, en clave de comedia, es un diálogo entre dos generaciones y dos miradas políticas. El hijo, vinculado a un “intelectual” funcionario de la OLP, defiende posiciones radicales en relación con los israelíes. El padre, que vive bajo su dominación, sostiene que para exigir dureza debe vivir en los territorios.

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Defamation / Hashmatsa, de Yoav Shamir (Israel, 2009)
Preguntando por qué cualquier crítica al estado de Israel es calificada de antisemita, Yoav Shamir se mete de lleno con un tabú. Busca mostrar que el antisemitismo y la memoria del genocidio se han convertido en un punto clave de la política israelí. Shamir refleja como el genocidio perpetrado por los nazis es traído constantemente al presente para sostener la idea del pueblo israelí como víctima y así evitar ser mirado hoy como victimario.

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Z32, de Avi Mograbi (Israel, 2008)
El realizador israelí Aví Mograbi propone el registro de la confesión de un soldado arrepentido por sus actos aberrantes contra los palestinos. Pero va más allá y habla sobre la práctica criminal sistemática llevada adelante por el mismo estado, y el entramado militar que atrapa a la sociedad israelí en su totalidad. El dispositivo de enmascaramiento, que usa para ocultar la identidad del joven, le permite analizar la representación de ese soldado como asesino.

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Waltz with Bashir / Vals con Bashir, de Ari Folman (Israel, 2008)
Ari Folman realizó un documental animado del que es protagonista. Sus pesadillas como soldado durante la masacre de Sabra y Chatila traen a la escena la culpa en distintas dimensiones: como introyección, como responsabilidad personal y como carga de una sociedad. También está presente el lugar de los culpables de la historia, que le sirve, de alguna manera, para deslindar su propio lugar como sujeto violento en el conflicto.

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