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Ignacio Roma (Esteban Menis) es un profesor de arquitectura de mediana edad que dicta clases en la universidad. Luego de un seminario es tentado por dos estudiantes chilenas para dar una charla en la Universidad de Valparaíso. Ignacio parece estar dubitativo para realizar este viaje ya que la noticia coincide con la noticia del embarazo de su pareja.

Ahora bien, el descubrimiento de la espera de un hijo no buscado pareciera no tener demasiada relación con los eventos que se irán desarrollando en el transcurso de la historia y, sin embargo, aparece como la mancha inicial de un desequilibrio emocional inevitable.

Todo pareciera desenvolverse con cierta armonía hasta ese entonces, pero nada va aconteciendo como Ignacio suponía. Las estudiantes, que deben gestionar la invitación, no contestan los llamados con los tiempos esperados por Ignacio, nadie va a recibirlo a Santiago ni gestiona su traslado a Valparaíso. A este desconcierto, en cierta forma con reacciones un tanto infantiles del protagonista, se van sumando una serie de pérdidas de objetos (maleta, celular, dinero). Por otro lado, Valparaíso con sus desniveles y escaleras, sus temblores e inminentes terremotos, parece ser el escenario perfecto para acrecentar ciertos estados que oscilan entre la confusión, desolación, lo irrisorio, el pánico y el ansia de búsqueda.

De esta manera, el territorio comienza a funcionar más como coprotagonista de Ignacio que como un espacio que él habita transitoriamente. Por momentos resulta ser la alarma de toda catástrofe venidera y, en otras circunstancias, el escenario de lo posible, de las oportunidades. Pero aún las buenas noticias o, mejor dicho, esa noticia que ocupa el lugar de “la oportunidad única en la vida”, puede fácilmente convertirse, a los ojos de Ignacio, en la ratificación de lo siniestro.

Hacia el comienzo de la historia, Ignacio lee una cita para cerrar su seminario en la que se intenta conceptualizar la noción de paisaje. Allí se lo presenta como una paradoja, una contradicción. El paisaje no es necesariamente la naturaleza sin intervención del hombre, sino una creación que el hombre hace del espacio. Esta creación no implica en todos los casos la construcción emplazada en un terreno, sino que se gesta a través de la mirada de los hombres. El problema parece ser que el mundo que rodea a Ignacio comienza a convertirse en una creación imaginaria en donde lo real empieza a mostrar sus rasgaduras.

De la noche a la mañana es una excelente oportunidad para reflexionar sobre las máscaras que contienen las crisis y las posibles acciones o inacciones que propician en nosotros. La película de Manuel Ferrari propone además una articulación inesperada entre el humor y el drama, aunque se trata de una relación de una sutileza que requiere cierta atención de parte del espectador.

Reseña publicada en oportunidad del estreno en salas de Rosario, Córdoba y Mendoza el 22 de abril de 2021.

DE LA NOCHE A LA MAÑANA
De la noche a la mañana. Argentina / Chile, 2020.
Dirección: Manuel Ferrari. Intérpretes: Esteban Menis, Manuela Martelli, Alejandro Goic, Rosario Varela, Sebastían Brahm. Montaje: Andrés Quaranta. Dirección de fotografía: Fernando Lockett. Producción: Nicolás Grosso, Federico Sande Novo.

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