Disponible en Netflix.  

A Vilante promete mucho y entrega poco. Su nombre, así como su pequeña sinopsis en la plataforma N, nos indican que la propuesta involucra algo (o mucha) acción. Con esperanzas de encontrar algo, de los mejores subgéneros bastardos, nuestra protagonista a lo Charles Bronson se presenta dándole duro a la bolsa de box. Ya podemos aproximarnos a una historia que contiene en su pasado la marca de la furia y en su futuro el camino de la venganza.

Acomodados y dispuestos a la acción la película no se contenta con elaborar un personaje carismático, ni mucho menos dosificar la acción para mantenernos al vilo de la pantalla. Más bien centra todo su poderío en montar una protagonista sumamente vulnerable, lacrimógena, dispuesta pasivamente a la construcción de un verosímil punitivo y plenamente moralista.

Alejándonos de propuestas propias del subgénero “Vigilante/justiciero” y sus apóstoles del “ojo por ojo”, así como también lejos de la estetización de la violencia en propuestas como Kill Bill o la brutal Revenge de 2017, la propuesta de Sarah Daggar-Nickson apela al trauma como único motor de la acción, generando una cinta que a pesar de su mediana duración no logra concretar una experiencia del todo satisfactoria.

A VIGILANTE
A Vigilante. Estados Unidos, 2018.
Dirección y guion: Sarah Daggar-Nickson. Intérpretes: Olivia Wilde, Tonye Patano, Betsy Aidem, David Shumbris, Jim Ford, Cheryse Dyllan, Jack Caleb, Marian Zajac y Morgan Spector. Música: Danny Bensi y Saunder Jurriaans. Fotografía: Alan McIntyre Smith. Duración: 91 minutos.

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