Cómo no quererlo si es uno de esos personajes que nos hicieron mejores, más felices, menos solemnes. Mel Brooks cumple 95 y sí, es como el tío talentoso que todos querríamos tener, el tío yanqui pero no, porque en principio vimos sus creaciones dobladas, así que era bien cercano.

Y antes de ponerle cuerpo al nombre Mel Brooks primero vimos “El Súper Agente 86” en la tele y ni nos imaginábamos que existían los autores y tampoco que era una parodia de las pelis de espías en la Guerra Fría.

Cuando llegó a estas playas El Joven Frankestein ya éramos incondicionales y empezamos a prestar atención sobre quién hacía estas cosas que nos maravillaban, mientras los padres primero no entendían y después se sentaban en el sillón con nosotros a cagarse de risa.

Había que investigar y lo hicimos y nos enteramos y vimos sus incursiones en otros programas de la tele (que siempre, pero siempre mejoraban con Mel), también encontramos sus monólogos y sus colaboraciones con otros autores.

Ya grandes vimos La última locura de Mel Brooks o Las angustias del Dr. Mel Brooks y claro, llegó Los Productores y otra vez nos rendimos al rey de la comedia, porque nosotros, la plebe de un mundo sin gracia, ya lo habíamos entronizado.

Y hay que decirlo, un poco le perdimos el rastro, pero fuimos encontrando paliativos, grandes paliativos como Seinfeld. Pero este muchacho, ya grande, se despachó con un programa, “Comedians In a Cars Getting Coffee” y en una edición se nos apareció Mel Brooks y de yapa con Carl Reiner, su amigo de toda la vida, así que atesoramos ese capítulo como oro.

En su cumple no queda otra que desearle larga vida a Mel, siempre presente en nuestro amor por la comedia. ¡Salud!

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