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Por qué amamos el cine de Kelly Reichardt? Esta es la pregunta que puede instalarse cada vez que la realizadora norteamericana nos trae una nueva entrega. First Cow demuestra una vez más que la grandeza de sus películas no radica ni en su belleza fotográfica ni en sus historias mínimas, sino en que logran traer respuestas simulando hacer preguntas.

Si repasáramos su filmografía veremos que su estilo realista da la sensación de que el núcleo de interés radica en el fluir de la cámara y en la presentación más que en la representación, pero en definitiva se trata de una estrategia retórica para volver a configurar un discurso contundente. Desde su primera película, River of Grass, (1994), aparecen dos elementos: por un lado, la estética del cine realista y moderno de la década del 60 con sus personajes erráticos que se lanzan a la ruta y, por otro lado, la puesta en duda de su ejecución. Podría decirse entonces que Kelly Reichardt realiza en cierto modo una apuesta dialéctica ya que retoma una estética para poner en tela de juicio, o tachar, las posibilidades actuales para encarar lo que suele encasillarse en una road movie.

La pregunta entonces sería: ¿por qué en el actual contexto globalizado ya no se tiene fe en ese gesto de salir al camino y encontrar lo inesperado? Si observamos a los personajes de River of Grass, veremos que la pareja no logra siquiera burlar el peaje y en Wendy and Lucy (2008) llegar a Alaska parece ser una empresa inviable. Old Joy (2006) por su lado, también encara un breve viaje que parece llegar a destino, pero no realmente porque se puede llegar a unas termas aún con ciertos obstáculos, pero no se puede llegar a un tiempo que ya concluyó. En cierto sentido, First Cow sigue la misma línea de imposibilidad de escape.

En el inhóspito territorio de Oregon en 1820, dos hombres entablan una amistad. A Cookie (John Magaro) y Kung Lu (Orion Lee) los une la precariedad y pobreza absoluta en una tierra que se ofrece como un abanico de oportunidades. En principio es ese despojo total de capital lo que parece acercarlos, luego un plan se instala. Cookie tiene el oficio de panadero y se lamenta no poder hacer unas ricas galletas por carecer de uno de los ingredientes imprescindibles para lograrlo: leche. Mientras ellos comparten sus anhelos –tener una granja, un hotel, una panadería-, el terrateniente del lugar adquiere la primera vaca que pisa esas lejanas tierras. Por supuesto esa vaca abrirá un mundo de nuevas posibilidades o eso creen Cookie y Kung Lu. Ciertamente la película instala cierto suspenso interesante, aun considerando que el prólogo nos acerca una hipótesis de desenlace.

Kelly Reichardt realiza una apuesta arriesgada en las escenas iniciales. First Cow es una película de época y, sin embargo, arranca en nuestra contemporaneidad. En la primera escena un buque carguero gigante contrasta con el paisaje y en la segunda ya asistimos al paseo de una mujer con su perro en un bosque. Son imágenes actuales que se tocan con el pasado. El perro olfatea algo y su dueña lo desentierra. Hay ahí un puente temporal que marca la distancia (presente y pasado), pero también un hilo de continuidad: el sueño americano no es real y nunca lo fue. Las oportunidades de crecimiento son relativas y, en cualquier caso, siempre atadas a la tenencia de capital económico y a la apropiación “legítima” de los medios de producción, como una vaca productora de leche.

Cookie y Kung Lu viven su presente proyectando siempre expectativas hacia el futuro. Los planes y estrategias inundan las charlas de estos dos amigos. No se detienen demasiado en los infortunios de sus historias que los llevaron a donde se encuentran. No les resulta relevante. Reichardt parece realizar la operación inversa a la de sus personajes. Comienza por el presente para ir hacia el pasado, comienza por el final para ir hacia el comienzo. En definitiva, más allá de toda diferencia, hay invariantes temporales. El tiempo de la película es todos los tiempos y tal vez por ello, resulta un western que funciona por todos los elementos que no suelen encontrarse allí: el afecto, el detalle cotidiano, la confianza. Porque si hay algo que este género escenifica fuertemente es la potencia de su diferencia respecto del tiempo presente.

En síntesis, First Cow es la historia de lo imposible de cualquier desviación al sistema, no como una instancia extraordinaria sino como la norma y en donde la amistad resulta ser no un mero alivio sino también un resto difícil de encasillar. O bien, simplemente es la historia de dos hombres a los que les pareció buena idea vender pastelitos. Como sea, First Cow es una experiencia que vale la pena transitar.

FIRST COW
First Cow, 2019.
Dirección: Kelly Reichardt. Guión: Jon Raymond, Kelly Reichardt. Música: William Tyler. Montaje: Kelly Reichardt. Dirección de fotografía: Christopher Blauvelt. Intérpretes: Julen Magaro, Orion Lee, Toby Jones, Ewen Bremner, Scott Shepherd. 121 minutos.

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