Estreno disponible en la plataforma MUBI.

Nina es actriz y su carrera no parece estar yendo a ningún lado. Llegada de un pueblo en donde actuaba en una compañía de trabajo vocacional, una vez en Taipei trabaja como extra, haciendo pequeños papeles en cine y TV, y llevando adelante un sitio web donde debe interactuar con el público para sacar algunos extras. Hasta que se le presenta una oportunidad, la oferta de un papel importante en un drama histórico de alto presupuesto que podría finalmente cumplir sus aspiraciones de estrellato. Para conseguir el papel, Nina tiene que estar dispuesta a lo que sea, y eso implica unas cuantas situaciones desagradables. En principio aceptar desnudos frontales, escenas incómodas, el maltrato sistemático de un director demasiado intenso y, desde allí, varias formas de violencia física y psicológica. Nina acepta embarcarse en este desafío para hacer arrancar su carrera y esto va a traerle unas cuantas consecuencias.

Nina Wu fue escrita a dúo por su director, el realizador taiwanés de origen birmano Midi Z, y su actriz protagónica, Ke-xi Wu. La coincidencia entre los apellidos de personaje y actriz/guionista no parece azarosa y permite suponer que algunos episodios podrían estar inspirados en experiencias reales como la propia Ke-xi llegó a sugerir. El film hace un retrato de una industria cinematográfica cruel y despiadada, manejada por sujetos omnipotentes y perversos, donde el maltrato es moneda corriente y el sometimiento el precio a pagar para obtener un lugar y conservarlo. Así vemos a la protagonista atravesar una extensa y ardua serie de abusos y humillaciones, al principio más sutiles (como las recomendaciones entre amistosas e intimidantes de su manager) que, a medida que el relato avanza, se van haciendo cada vez más groseras y excesivas.

Algunos críticos han pretendido ver aquí un alegato, en consonancia con el movimiento #MeToo, como una denuncia de las prácticas abusivas a las que se ven sometidas las mujeres en la industria cinematográfica. Sin embargo el carácter extremo y exagerado en que estas se muestran y su propio carácter acumulativo, incluso si algunas están basadas en hechos reales, no permiten que el mensaje se tome demasiado en serio. Las escenas se suceden entre la incomodidad y el desconcierto, entre lo perturbador y lo absurdo. Esto suponiendo que efectivamente haya sido la intención la de realizar una denuncia, algo que ambos, realizador y actriz, parcialmente desmintieron señalando que, aunque en parte inspirado en algunas experiencias del pasado de Wu, el film no debía verse como parte del movimiento #MeToo y que cualquier intento en ese sentido iba a resultar decepcionante.

Así, este escenario de abuso sistemático aparece menos como formando parte de una agenda que como el contexto en que la protagonista debe moverse en conflicto con su entorno, consigo misma y con la realidad. Esta sensación se refuerza a partir de la segunda mitad, cuando Nina ya parece estar alcanzando el ansiado estrellato y también empiezan a aparecer nuevos/viejos conflictos. Problemas con su familia, los ex empleados de su padre que reclaman una deuda en muy malos términos, una ex amante de la época del teatro vocacional, de la cual Nina sigue enamorada, que se niega a volver con ella y le reprocha su abandono, y la aparición de una mujer misteriosa, suerte de némesis siniestra, que la vigila, la acosa y cuyas apariciones en momentos inesperados bordean lo sobrenatural. Nina a esta altura parece el blanco de los ataques de todos los que la rodean y la película entra en un terreno pesadillesco y alucinatorio.

Esta segunda parte, que termina enterrando cualquier posibilidad de que consideremos en serio la pretensión de denuncia (si es que la hubiera), ofrece atmósferas enrarecidas e inquietantes y momentos visuales atractivos. La propuesta del film es deudora en buena parte del universo de David Lynch (podemos remitirnos sobre todo a Inland Empire, El camino de los sueños y Carretera perdida) y de realizadores como Satoshi Kon (Perfect Blue, cuya propuesta argumental guarda algunas similitudes), Gaspar Noe (Irreversible) y Darren Arranofsky (Cisne Negro). Y, como estos dos últimos, los autores despliegan aquí una tendencia a la crueldad, la vocación de humillar y someter a su protagonista y una visión que se percibe misantrópica y nihilista. Y es a Irreversible también a la cual podemos remitirnos cuando, cerca del final, el retrato vuelve atrás en el tiempo y también al tono más brutal y menos interesante del principio, donde la sordidez y el sadismo vuelven a encontrarse violentamente con el grotesco y el ridículo.

NINA WU
Nina Wu. Taiwan, 2019.
Dirección: Midi Z. Intérpretes: Ke-xi Wu, Vivian Sung, Kimi Hsia, Li-Ang Chang, Ming-Shuai Shih. Guión: Ke-xi Wu, Midi Z. Fotografía: Florian Zinke. Música: Giong Lim. Edición: Matthieu Laclau, Yann-Shan Tsai. Dirección de Arte: Chih-Da Kuo. Producción: Midi Z. Producción Ejecutiva: Joanne Goh. Duración: 102 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here