Estreno en el cine Gaumont y en la plataforma Cine.ar

En torno a la figura de Daniel Toro, este segundo documental de Silvia Majul, homenajea, construye y reconstruye uno de los grandes referentes de la música popular argentina. El nombrador comienza como una película que versa sobre una de las grandes voces del folclore local para finalmente poner en entredicho la verticalidad de los referentes musicales como divisor de géneros musicales.

En 2014 Silvia Majul había trabajado alrededor de la figura de Ramón Navarro en su documental Un pueblo hecho canción; ahora es el turno de una figura más compleja, Daniel Toro, un referente musical que parece haber atravesado la frontera entre lo comúnmente llamado popular y folclórico. Pero Un pueblo hecho canción no es el primer contacto que esta realizadora tiene con este mundo. Su trabajo como agente de prensa de la música popular argentina y latinoamericana, le ha permitido tomar contacto con estos géneros y figuras hace ya muchos años.

En las escenas iniciales da la sensación de que El nombrador es un documental más a modo de homenaje a una figura emblemática. Uno de tantos que ya hemos visto sobre músicos, actores, directores, etc. El documental clásico que opera como un homenaje de figura puede tener dos objetivos. O bien se trata de sacar a la luz una figura no del todo reconocida o, al contrario, se trata de hacer una reconstrucción que trabaja como un viaje al pasado que nos permite “recordar” lo ya transitado. Eventualmente podría aparecer algún detalle que el espectador no conoce sobre la figura en cuestión, pero la mayor parte de las veces se trata de volver a recordar; un shock a la memoria adormecida. Esta segunda opción funciona cuando la figura a homenajear es muy conocida popularmente. El nombrador parecería que va por esa línea, y en parte lo es, pero el discurso que va construyendo va resultando un poco más complejo.

En principio hay dos elementos que llaman la atención y que de alguna manera aleja a este documental de un clasicismo a raja tabla. El primero de ellos tiene que ver con la articulación de las entrevistas. Silvia Majul, no aparece en cámara interviniendo en sus escenas, participando de las entrevistas y testimonios. Este gesto puede en sí ser bastante clásico, pero Majul logra aunar su voz con la imagen y hacerse presente a través de otra figura que viene a representar al enunciador del documental. Daniela Toro, hija menor del cantautor, es la que aparece en escena tejiendo historias, relevando información y testimonios y en algunos momentos también cantando. Entrevista a sus hermanos Claudio, Facundo, Carlos y Miguel, también dedicados a la música, además de a músicos importantes como Abel Pintos, Diego Torres, Teresa Parodi entre otros. Es decir, en algunas instancias Daniela Toro parece narrar su experiencia como hija en primera persona, en otros, cede su voz al entrevistado, pero mantiene su presencia y en otros momentos desaparece de la imagen. Es ahí cuando el documental empieza a tener un aspecto más heterogéneo ya que al tipo de formato descripto se suman los entrevistados en los que la voz interpeladora no es audible, es decir, no aparece la figura de un entrevistador. Tal es caso de las escenas de Víctor Heredia, Mario “Panchito” Arce o Julio Fontana. Los relatos se multiplican, pero no siempre en diálogo con Daniela.

El segundo elemento que puede ser bastante innovador ya no tiene que ver con la manera en que se vinculan enunciador/ entrevistador en escena o en ausencia, sino que tiene que ver con la decisión de no sucumbir a la imagen de archivo. No hay duda de que la cantidad de material audiovisual disponible de Daniel Toro, sobre todo del festival de Cosquín, debe ser considerable, particularmente luego de que dejara al grupo Los nombradores y continuara su trayectoria como solista. Por supuesto, El nombrador recurre eventualmente al archivo: algunas imágenes de Cosquin de la década del 70 y su premio a la trayectoria en ese festival en 2018, algunas entrevistas que Daniel Toro da cuando era más joven, cuando narra su experiencia al contraer cáncer en una de sus cuerdas vocales, etc. Y, sin embargo, la recurrencia al archivo es bastante medida y hasta selectiva podríamos decir. Majul opta por agregar un archivo de Miguel Abuelo cantando “El antigal” en vez de mayor cantidad de material del folclorista cantando en vivo porque le resulta más interesante replantear quiénes son los grandes referentes del rock argentino antes que insistir en el formato claro del homenaje. De igual modo, decide filmar a Ricardo Mollo cantando “Cuando tenga la tierra” pero no necesita ni entrevistarlo ni escuchar lo que tiene para decir sobre Toro.

El nombrador, es sin duda un paseo por “Serenata de octubre”, “Mi principito”, “Samba para olvidarte”, “Mi mariposa triste”, etc. Es también un viaje a una forma particular de folclore que aúna melodía y poesía y un homenaje a una de las voces más relevantes de la música local. Pero es también una reconstrucción distinta en que se trata de pensar los géneros populares como unidad y, particularmente, desde el presente. Hacia el final, Daniel Toro le dice a su hija: “Este empeño tuyo de contar lo que ya fue. Estoy conforme con lo que di”. Y tiene razón, el músico ya dijo todo lo que tenía que decir. Por ello es mucho más interesante, en el marco del documental, lo que las figuras del presente, que no han tenido tanto vínculo con su persona pero sí con su música, tienen para narrar.

EL NOMBRADOR. UNA PELÍCULA SOBRE DANIEL TORO
El nombrador una película sobre Daniel Toro. Argentina, 2020.
Dirección y producción: Silvia Majul. Edición: Eduardo Fisicaro. Producción musical: Daniela Toro. Guión: Silvia Majul, Julián Troksberg. Dirección de fotografía: Carlos “Indio” Leiva. Duración: 84 minutos

Compartir