Estreno disponible en la plataforma MUBI.

Krabi es una provincia al sur de Tailandia. De clima tropical, paisajes espectaculares y playas paradisíacas, se convirtió en poco tiempo en uno de los principales puntos turísticos de un país que en las últimas décadas vivió un boom en ese sentido, con visitantes llegados no solo de otros lugares de Asia, sino también de un Occidente que parece haber descubierto ese destino con entusiasmo. Para el caso léase por ejemplo la novela “Plataforma” de Michel Houellebecq que describe esta circunstancia con la sordidez que lo caracteriza.

Este aluvión de turistas que arriba a la zona cada año tiene sus previsibles y problemáticas consecuencias sobre el paisaje y sobre la vida cotidiana de sus habitantes. Esto es algo que le interesó a la realizadora tailandesa Anocha Suwichakornpong, quien para este proyecto se asoció con el británico Ben Rivers. Ambos realizadores encaran el tema de una manera libre, con un formato mixto que mezcla el documental y la ficción, el registro naturalista con lo fantástico, y con un espíritu lúdico que hace que, aunque tengan cosas que decir, no se tomen demasiado en serio. 

En función de este formato libre y heterogéneo, el film no sigue una línea argumental precisa sino unas cuantas líneas que a veces corren paralelas, a veces se cruzan y mayormente siguen su propio curso. Y también se incluyen escenas que son pequeños relatos en sí mismos y momentos contemplativos donde el único protagonista es el paisaje. El protagonismo humano se reparte en un puñado de personajes entre los que se destacan un par de visitantes: una chica que dice venir a buscar locaciones para una película, aunque después se vea que tiene también algunas razones y búsquedas personales, y un actor y cantante pop que está filmando una publicidad. Ambos se cruzan con otros personajes del lugar o que vienen a trabajar allí, una guía turística, un ex-empleado de un cine, una empleada de hotel, que en determinado momento pasan al frente en entrevistas de tipo documental donde alguien los interroga en off y ellos cuentan sus historias.

El pasado y el presente conviven y se superponen A veces interpelan a los protagonistas, como cuando la chica que busca locaciones visita un cine hace tiempo cerrado al que asistían sus padres y donde tendrá un destino misterioso. A veces uno absorbe al otro, como cuando la guía turística cuenta una y otra vez la misma leyenda de origen a diferentes oyentes convirtiendo el relato mágico en anécdota de consumo para los turistas. Y otras veces colisionan de maneras extrañas, como cuando el actor, vestido como un cavernícola de fantasía al estilo Picapiedras, se encuentra en medio de la espesura con un verdadero hombre primitivo (cuya imagen no deja tampoco de ser una construcción aunque de un verosímil más elaborado). Los encuentros con lo fantástico surgen sin anunciarse y transcurren sin mayores explicaciones, fluyendo con el resto de las escenas.

El dúo de realizadores habla de temas actuales y relevantes como los efectos de la globalización y el consumo masivo, la relación entre países centrales y periféricos, y la banalización de las historias y tradiciones, y lo hacen sin gravedad y sin apelar a discursos moralizantes, de una manera juguetona y poética.

KRABI, 2562

Krabi, 2562. Tailandia, Reino Unido. 2021.
Dirección: Anocha Suwichakornpong, Ben Rivers. Elenco: Arak Amornsupasiri, Nuttawat Attasawat, Primrin Puarat, Atchara Suwan, Siraphan Wattanajinda, Oliver Laxe. Fotografía: Leung Ming-Kai, Ben Rivers. Montaje: Aacharee Ungsriwong. Dirección de Arte: Parinda Moongmaipho. Sonido: Chalermrat Kaweewattana. Diseño de Sonido: Ernst Karel. Producción: Maenum Chagasik. Co-Producción: Andrew Starke. Producción Ejecutiva: Meng Xie. Duración: 94 minutos.

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