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Trabajar en una empresa o emprendimiento familiar suele ser problemático, sobre todo y precisamente para las relaciones familiares. Esto que es válido en muchos casos, en algunos es particularmente intenso. Sobre todo en ciertos rubros. Bernardo (Luis Machín) dirige una funeraria que funciona en la parte de atrás de su casa, separada por un jardín del hogar familiar. Bernardo manejó la funeraria junto a su padre hasta que este falleció y ahora lo hace con su esposa Estela (Celeste Gerez) quien trajo a vivir con ellos a su hija Irina (Camila Vaccarini). La familia ya viene bastante disfuncional. Estela salió de una relación infeliz con un esposo (el padre de Irina) que la controlaba y la golpeaba y de la cual salió traumatizada y sin poder aún recuperarse del todo. Irina, adolescente insatisfecha y conflictiva, en vez de solidarizarse con su madre, defiende y añora a su padre muerto en un accidente y visita frecuentemente a su abuela (la madre de éste) que la empuja aún más en esa dirección. Irina tampoco tiene mucho aprecio por Bernardo y la situación es bastante tensa e incómoda. Bernardo por su parte tiene sus problemas no resueltos con su propio padre, quien por otro lado mientras estaba vivo rechazaba violentamente a Estela e Irina y atentaba contra ellas de formas cada vez más preocupantes.

Todo este panorama ya sería suficiente para dificultar la convivencia, pero además se vienen a sumar los problemas de orden sobrenatural. Y es que tanto la funeraria como la casa aledaña son escenario de constantes visitas por parte de espectros y fantasmas, algunos amigables, otros no tanto. Tal es la frecuencia de estas apariciones que la familia ya está en parte habituada a convivir con esta situación (incluso Bernardo convoca y espera algunas de estas presencias), aunque siempre dentro de un frágil equilibrio mediado por ciertas reglas a respetar y por el trabajo y “negociación” con los espíritus que realizó una bruja/espiritista amiga de Bernardo. Pero este equilibrio se está volviendo cada vez más precario, las visitas cada vez más intrusivas y sus irrupciones cada vez más agresivas. Algo tienen que ver las invocaciones a fuerzas oscuras que el padre de Bernardo realizaba, que terminaron provocando un asedio y crearon un clima de pesadilla al que la familia ya no consigue resistir.

La funeraria es el primer largometraje de Mauro Iván Ojeda. Se trata de un film de terror sobrenatural del clásico subgénero fantasmas y casas embrujadas. Ojeda, a su vez guionista del film, apuesta a la generación de climas inquietantes y atmósferas ominosas antes que a la pirotecnia y el estruendo. Todo el relato está ambientado dentro de los límites de la funeraria, casa y jardín y en su mayor parte con solo los tres personajes principales en escena. Esta compresión contribuye a la sensación de claustrofobia, y tanto las relaciones quebradas entre los protagonistas como el acoso permanente al que se ven sometidos sirven para construir un clima pesado y enfermizo, espeso y asfixiante. En ese mismo sentido va también la música atmosférica y por momentos disonante de Jeremías Smith, que a veces está puesta demasiado al frente pero que en general ayuda a sostener la tensión.

Con solo tres personajes mayormente en escena, gran parte del peso está sostenido por la efectividad de los actores. Luis Machín como un hombre abrumado y en cierto punto resignado, cansado y con la inquietud de que algo que hasta entonces funcionaba ahora se le está yendo de las manos. Celeste Gerez como una mujer medio aterrada, medio dopada, que no puede lidiar ni con su hija ni con su propia historia. Camila Vaccarini como una adolescente que a su crisis y su historia familiar le viene a sumar esta situación por lo menos inusual, oscilando entre la rebeldía y el horror. El común denominador para los tres es tanto la sensación permanente de alerta y miedo como el agobio, la angustia y la imposibilidad de comunicarse entre sí.

Ojeda va armando el relato con paciencia y solidez durante los dos primeros tercios de película, aunque termina desembocando en una resolución apresurada y ruidosa a contramano de lo que se venía construyendo, y un final que quiere ser emotivo y queda bastante descolocado, dejando además cuestiones que se habían planteado a medias o sin resolver. Estos momentos no alcanzan de todos modos a arruinar la experiencia de un relato intenso y con climas logrados. La ópera prima de Ojeda lo muestra así como un realizador con ideas y talento para el género.

LA FUNERARIA
La Funeraria. Argentina, 2020.
Dirección: Mauro Iván Ojeda. Elenco: Luis Machín, Celeste Gerez, Camila Vaccarini. Susana Varela. Hugo Arana. Guión: Mauro Iván Ojeda. Fotografía: Lucas Timerman. Música: Jeremías Smith. Dirección de Arte: Martín “Brujo” Conti. Diseño y Postproducción de Sonido: Pablo Isola. Producción Ejecutiva: Néstor Sánchez Sotelo. Jefe de Producción: Daniel Rutolo. Distribuye: 3C Films Group. Duración: 85 minutos.

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