Estreno en salas.

El dramaturgo francés Florian Zeller debuta con su primer largometraje, adaptando su propia obra teatral en una película de habla inglesa interpretada magistralmente por Anthony Hopkins y Olivia Colman, entre otros.

Anthony (Anthony Hopkins) es un octogenario amante de la música clásica, que puede ser tan encantador como irascible. Ama su independencia, y se niega a cada una de las cuidadoras que su hija Anne (Olivia Colman) le llevó para asistirlo en su elegante departamento londinense. Sin embargo, sus reiteradas confusiones mentales sobre la realidad o las personas con las que interactúa, se van profundizando. Anne hará todo lo que esté a su alcance para ayudar a su padre.

Durante el proceso de deconstrucción, el protagonista comenzará a dejar de ser quien era, y sus preguntas se volverán imprescindibles para hallar las “certezas” necesarias para vivir ¿Quién soy? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Este departamento es mío o tuyo? Los interrogantes puestos en juego son la clave que permitirán o no, rearmar las piezas sueltas del rompecabezas que se va desarrollando a lo largo del relato. 

La confusión espacio temporal, como la asignación de roles enlos distintos personajes que irán apareciendo (interpretados por Rufus Sewell, Olivia Williams, Mark Gattis e Imogen Poots); no sólo forman parte de la sensaciones subjetivas de Anthony sino también del espectador, a quien se lo invita activamente a adentrarse en los laberintos de la mente.

Rodada en el interior de un departamento que traduce la fina y frágil conexión con la realidad, el espacio funciona como un escenario interconectado donde se desarrolla una puntillosa y elegante puesta en escena. Si bien hay cierta teatralidad compositiva, el uso de la stedycam recorriendo el pasillo, entrando y saliendo por las distintas puertas que lo componen, más la intervención de un buen uso del montaje, generan movilidad y una tensión constante en la historia, casi al punto de la intriga, donde se pone a prueba si la percepción responde a lo real o a lo imaginario.

La acertada elección de Florian Feller en sus protagonistas, nos lleva a presenciar las distintas facetas interpretativas que exige un personaje con demencia senil, al que Hopkins le imprime todo su potencial. Lo mismo puede decirse en la elaboración del rol de Colman como hija, siendo testigo del deterioro de su padre. La expresión de su mirada, y el peso de la verdad que disimula corporalmente mientras sonríe, dan muestra de su talento compositivo.     

A diferencia de películas que han abordado problemas neurológicos como Siempre Alice de Richard Glatzer y Wash Westmoreland, Lejos de ella de Sarah Polley, o ¿Y tu quién eres? de Antonio Mercero, entre otras; en El Padre el cómo se muestra y desde qué lugar se observa, es muy distinto. La particularidad de la película, es trasladar los síntomas de confusión a un relato, al mismo tiempo incompleto y por rearmar, llevando al espectador a vivenciar esa extrañeza de falta de certezas y piezas sueltas que se buscan incansablemente desde el inicio.

Nominada a seis premios Oscar, la película expone una de las peores experiencias que podemos atravesar nosotros mismos o alguien a quien amamos: el deterioro psíquico. Esa instancia pendular que oscila entre la conciencia de dejar de ser lo que fuimos y la alucinación de estar siendo otro.

El padre logra un cóctel laberíntico de sensaciones para hablar de un tema real y doloroso, en el que todos los estados anímicos tienen lugar. Del teatro al cine, Florian Feller junto a un gran elenco actoral y técnico que lo acompañan, supo trasponer al lenguaje cinematográfico una obra tan vivencial como abrumadora.

EL PADRE
The Father. Reino Unido / Francia, 2020.  
Dirección: Florian Zeller. Guion: Christopher Hampton y Florian Zeller, basado en la obra teatral de Zeller. Intérpretes: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Rufus Sewell, Imogen Poots, Olivia Williams y Mark Gatiss. Fotografía: Ben Smithard. Edición: Yorgos Lamprinos. Música: Ludovico Einaudi. Distribución: DB Distribution. Duración: 97 minutos.

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