El relato sobre una familia que se empieza a resquebrajar ante la pérdida de la madre, y un padre que transita el último tramo de su vida, es el eje de El lugar de la desaparición, de Martín Farina, que se estrena en el porteño Complejo Gaumont.

Entre el documental y la ficción, la película tiene como centro una familia, en donde la matriarca ya falleció, el padre debe ser cuidado por sus hijos mayores y uno de ellos decide construir, sin consensuar, un departamento en la parte alta de la casa, en donde vivieron buena parte de sus vidas.

El resquebrajamiento de los vínculos entre hermanos, con reproches y cuentas sin saldar, construyen una atmósfera que se va enrareciendo a medida que transcurre El lugar de la deseparación, que “tiene muchos aspectos de lo que se llama la novela familiar, en este caso, mi novela familiar”, describe Farina y completa, “pero es cierto que a mi nunca me interesó tener una versión ‘verdadera’ y tampoco fue lo que les propuse a los protagonistas”.

¿La matriarca ausente que funcionaba como nexo para la familia y el padre como un “escollo” es el disparador de “El lugar de la desaparición”?
Sí, prácticamente es así, debo decir que fue uno de los factores centrales a la hora de encarar este relato, que seguramente tiene muchos aspectos de lo que se llama la novela familiar, en este caso, mi novela familiar, con esa idea implícita con la que crecí de que mi abuelo era malo y mi abuela era víctima de esa maldad. En esa construcción siempre maniquea e imprecisa, se había moldeado una manera de criar a los hijos, en aspectos muy sutiles cómo puede ser que es lo que está bien y qué es lo que está mal y quién tiene razón a la hora de obedecer y marcar las pautas morales. Este vínculo con mi abuela y mi abuelo, el hombre que parece estorbar, fue el motivo por los cuales los empecé a filmar con mi primera cámara en 2002.

La frontera del documental y la ficción es deliberadamente confusa y con elementos del llamado “cine experimental”. ¿Ese registro estuvo claro desde el comienzo del proyecto?
Sí, de esa forma confusa se me presentó a mí mismo el conflicto que aborda la película a medida que visitaba la casa e iban sucediendo nuevos episodios y en cada uno de los sucesos tenía por lo menos una versión diferente de los protagonistas.
Abordar la película de esa forma tiene que ver con que parte de la trama era sonora, es decir, la construcción en la casa familiar estaba solapada o por lo menos no del todo blanqueada entre los hermanos, era lo que estaba sucediendo allá arriba en la planta alta y me hacía percibirlo de esa manera, no solo emocionalmente sino de manera concreta. Esas dos dimensiones espectrales, fantasmales y tan cinematográficas verdaderamente existían en la casa, en donde como consecuencia de la muerte de la matriarca, mi abuelo se había quedado solo y con la inevitable necesidad de ser atendido por sus hijos. Pero es cierto que a mi nunca me interesó tener una versión “verdadera” y tampoco fue lo que les propuse a los protagonistas.

¿Cómo manejaste la cercanía con la familia de tu madre, en cuanto a cierta crueldad de algunos momentos del relato?
No fue un problema. Todos vieron la película y cada uno a su manera, la disfrutó por lo que es en cuanto construcción narrativa, disfrutaron de ser parte de esa construcción ficcional. Y fundamentalmente me agradecieron la posibilidad de que sea un vehículo para hablar abiertamente y quizás, haya servido en esa dirección el ejercicio que significó para todos verme filmando durante más de 20 años.

En la puesta hay varios momentos de lugares vacíos dentro de la casa, como si hubiera fantasmas que aún tienen algo que aportar. ¿Coincidís con esta mirada?
Si, los espacios vacíos funcionan como lugares habitados por fantasmas. En la primera escena con un material que tiene por lo menos 20 años y es lo primero que filmé en mi vida, la cámara está desde una ventana que mira hacia afuera y luego va hacia la cocina, donde me encuentro con mi abuela que dice algo que ya tiene todas las contradicciones o sutilezas a partir de las cuales siento que se forjaron algunas cosas de mi manera de ser y de mi forma de ver el cine.

El padre aparentemente se comunica solo con el hijo menor y tienen escenas que remiten a Madre e hijo del director ruso Aleksander Sokurov. ¿Cuáles son tus referencias en el cine?
Me resulta muy elogioso el comentario, Sokurov es un director a quién admiro profundamente, pero no me atrevería a decir que es una influencia porque me parece que me queda grande, pero puedo decir que esa “atmósfera rusa”, tanto en películas de Sokurov o (Andrei) Tarkovski invadió lo que intenté hacer en la película.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

Compartir