Si cada nueva entrega de la saga de James Bond desborda los márgenes del cine y se convierte en un evento ineludible de la cultura de masas, el estreno hoy de Sin tiempo para morir suma al interés de siempre el retiro de Daniel Craig como el 007, una despedida del emblemático personaje creado hace siete décadas por el escritor Ian Flemming que abre una serie de conjeturas sobre quién será su reemplazante en las próximas películas sobre el espía al servicio de su Majestad.

La 25ma. película de la serie sobre el agente con licencia para matar y la quinta protagonizada por el actor británico, llega después de la floja Spectre (2015), una pausa que se extendió por la pandemia y finalmente llegó hasta hoy, con la decisión de la Metro-Goldwyn-Mayer Studios junto al distribuidor Universal Pictures, de que se estrenara en los cines de todo el mundo.

El ingreso de Daniel Craig al universo Bond fue en 2006 con la espectacular Casino Royale y 15 años después se despide del personaje con Sin tiempo para morir, que sin duda está a la altura del comienzo de su participación en la saga.

El filme dirigido por Cary Joji Fukunaga (primer realizador estadounidense convocado por la franquicia), responsable de la serie “True Detective”, condensa buena parte de las características desplegadas por las novelas y relatos de Flemming y luego por la saga cinematográfica que comenzó con el inolvidable Sean Connery: espectacularidad, locaciones exóticas, la habitual secuencia con los títulos (esta vez con la música de Billie Eilish), los martinis agitados pero no revueltos y el infaltable Aston Martin blindado y repleto de armas.

Por supuesto, también M como el jefe del MI6, la elegante pistola Walther PPK en la mano de un 007 enfundado en un esmoquin impoluto y claro, un villano oscuro dispuesto a destruir el mundo.

En Sin tiempo para morir, James Bond está retirado en Jamaica pero es convocado por su viejo amigo de la CIA Felix Leiter (Jeffrey Wright), para rescatar a un científico ruso secuestrado por el malvado Safin (Rami Malek), que con el móvil de la venganza como motor de su existencia, planea acabar con buena parte de la población del planeta.

Si bien Expectre fue bastante cuestionada en su momento, sentó las bases de la tragedia que aborda Sin tiempo para morir, de ese relato proviene su relación con Madeleine Swann (Léa Seydoux), un amor verdadero para el hierático Bond, que tendrá como consecuencia una debilidad en su blindaje despiadado para luchar contra el mal y sellará su destino.

Lo cierto es que las emociones que demuestra el protagonista nunca habían sido visibles para el 007 de siempre, pero en tiempos de Me Too y de la lucha de las mujeres en todo el mundo por alcanzar la paridad de derechos, la discusión sobre la misoginia, el alcoholismo y la “licencia para matar” de James Bond puede ser tomada como un escollo para un personaje que lleva seis década fatigando las pantallas.

Sin embargo, para la maquinaria de negocios del cine global, que sin lugar a dudas también comprende a la famosa franquicia de Bond, es una extraordinaria oportunidad de negocios para resignificar al agente inoxidable y renovar el interés por el personaje.

Con una 007 (Lashana Lynch), que luego de su jubilación ocupa el lugar de James Bond en el servicio secreto británico, la vacante que deja Craig como uno de los grandes intérpretes de la impactante seguidilla abre un amplio arco de posibilidades, en donde la elección puede recaer en una mujer, un actor negro o uno asiático. Lo cierto es que por ahora en la lista corta figuran Tom Hardy, Idris Elba, Luke Evans, James Norton, Regé-Jean Page y Richard Madden, sin actrices a la vista.

La despedida de Craig inaugura una reñida puja por el próximo Bond, que deberá actualizarse en un mundo en constante cambio. Sea hombre, mujer, o tenga otro color de piel, deberá estar a la altura de la magnífica labor del actor inglés, ya sea aplomo taciturno del propio Craig que también compartía con Timothy Dalton o por caso, el toque para la comedia de Roger Moore y Pierce Brosnan. Lo que es improbable es que sea quien sea, alcance la leyenda que forjó el escocés Sean Connery.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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