Estreno en el Complejo Gaumont.

Primera parte de la trilogía “Autoengaño”, que se completará con el estreno en 2022 de Cuando oscurece y La mujer de río, en preproducción. 36 horas es un relato en el que la dinámica de los tiempos actuales muestra su peor rostro: la existencia basada en el endeudamiento perpetuo.

Oliver James escribió en “El egoísmo capitalista”, a propósito de las fantasías del capitalismo neoliberal, que se ha instalado el engaño de que cualquiera puede ser el próximo Alan Sugar o Bill Gates. Esto se encuentra fuertemente arraigado a pesar de que las probabilidades de que cada uno de nosotros se enriquezca viene en baja desde 1970 a la par de la inequidad de ingresos. “Una persona nacida en 1958 tenía muchas más chances de ascender socialmente, gracias a la educación, por ejemplo, que una nacida en 1970. Entre las toxinas más venenosas del capitalismo egoísta se cuentan: la idea de que la riqueza es la clave para la autorrealización; que solo los ricos son ganadores, y que el acceso a la cumbre de la riqueza es posible para cualquiera dispuesto a trabajar lo suficiente a pesar de su familia, de su ambiente social, de su raza. Si no triunfas, solo hay alguien a quien puedas culpar”.

Por supuesto, esta idea –y no señores, esto no es un invento argentino- va de la mano con las nuevas modalidades de la flexibilidad laboral, la era del posfordismo, en donde el trabajo y la vida privada se tornan indiscernibles al igual que la determinación de la longitud de las jornadas y en donde cualquier planificación que no sea de un futuro a corto plazo se adentra en un espacio inquietante, frágil e inestable. 

En el mundo actual, la condición standart es la del endeudamiento perpetuo. Esto es así aún en los casos más favorables. Ejemplo de situación favorable sería no deber plata a nadie, ni al banco, ni a un prestamista ni a un familiar. Así y todo, uno está en deuda. Siempre. Puede suceder que uno tome más trabajo del que puede abarcar a sabiendas de que va a deber su entrega. También puede resultar que se deba un título, una tesis, un “upgrade” académico (vas por la maestría, pero ya sentís que debés el doctorado). Como no querés endeudarte trabajás de más y terminás debiendo una salida familiar, tiempo de calidad, un descanso. Estas escenas claramente se sostienen por cierta fantasía. James hablaba de las fantasías de las políticas neoliberales pero estas construcciones necesitan de la fe, la creencia. Como dice uno de los personajes secundarios de 36 horas: la fe es la capacidad que tenemos de sostener una incertidumbre. Fe o autoengaño. Y de eso se trata la película de Néstor Mazzini.

Pedro y Erika son socios en una pequeña productora audiovisual. Tienen que atravesar, por un lado, la crisis económica que sufre la empresa y por otro, realizar un acuerdo de separación, es decir, sentar las bases de una situación afectiva que ya se arrastra hace tres años. La pregunta sería ¿cómo resolver una situación en la que parece haberse agotado todos los recursos? Pedro ya no tiene a quién pedirle más dinero. Pide plata a prestamistas para pagar a otros prestamistas y así. Sobre esta situación de espiral se suma una deuda a la AFIP y la inminente quiebra. En 36 horas no hay una trama que arranque con una situación de estabilidad que peligra por la emergencia de un conflicto y que en sus horas finales encuentra un nuevo estado de equilibrio. Aquí tenemos un corte de una situación preexistente, un fragmento de infierno en el que la única manera de sostener las expectativas es a través de un acto de fe en los cambios. No hay más cartas en el mazo, no hay comodines. En estas condiciones Pedro debe seguir jugando en la gestión de su deuda y en la gestión de la torta de cumpleaños de Florencia, su hija de 5 años.

La película de Mazzini es bastante prolija, una construcción de una narración interesante, en la que genera ciertos falsos giros de la trama. Ofrece un escenario directo y bastante explícito en el que claramente se pone en duda la idea según la cual el éxito es una consecuencia evidente para quienes hayan trabajado lo suficiente. Pero también exhibe esos efectos de fantasía, engaño y fe que son necesarios hoy para vivir en un mundo flexibilizado, en el que podés convertirte en el productor de tu tiempo y energía, y en el que la gloria está a la vuelta de cualquier contrato.

36 HORAS
36 horas. Argentina, 2020.
Guión y dirección: Néstor Mazzini. Intérpretes: César Troncoso, Andrea Carballo, Matilde Creimer Chiabrando, Héctor Bidonde. Montaje: Mario Pablo Pavéz. Director de sonido: Leandro de Loredo. Dirección de fotografía: Guillermo Saposnik. Producción ejecutiva: Paulina Zaboli. Productora: Banda Aparte. Duración: 96 minutos.

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