Estreno en salas.

Recientemente ganadora del premio a Mejor Película en la sección Noves Visions del festival de Sitges, El apego hace una apuesta brutal, amorosa y políticamente incorrecta. Esta nueva entrega de Valentín Diment, director de El eslabón podrido (2016), se parece a ese invitado que cae sin aviso, de improviso, pero que te salva el día.

La historia transcurre en la Argentina de la década del 70 y sus escenas parecen ambientadas con la rigurosidad de un reloj suizo. Rodada en un inquietante blanco y negro –por lo menos en la mayor parte de la historia-, El apego construye encuadres a través de ángulos de cámaras precisos que saben posicionar al espectador en una perspectiva medida. Nada de lo visible, lo legible, ni nada de lo escindido parece obra del azar. Y, a pesar de que la película puede calificarse como de bajo presupuesto, posee una línea argumental y un cuidado en su despliegue técnico que resulta inusual en el cine local. No podía ser de otro modo ya que la película resulta un complejo entramado de diversos géneros y subgéneros que se aúnan entre sí al tiempo que son sostenidos por el modo de ser del melodrama que opera como soporte de todos ellos.

Si quisiéramos definir a qué género pertenece El apego, estaríamos en problemas porque si bien tiene evidentes características de varios de ellos (cine fantástico, terror, gore, realismo social, etc.), su trama e imagen, solo funcionan cuando dos o más elementos de estos géneros conviven en el plano o en la articulación entre ellos. Por otro lado, hay claras reminiscencias a otras películas sin convertirse en una reescritura de ninguna de ellas. Tal es el caso por ejemplo del terrorífico film Los ojos sin rostro (1960) de Georges Franju. Aún no siendo equiparables ambas historias, tenemos ese despliegue de la tríada médico/ enfermero/ paciente. Por cierto, esta historia, luego fue tomada por Pedro Almodóvar en La piel que habito (2011) también tomando varias licencias de la trama original.

Carla, una joven embarazada llega a la casa-clínica de Irina, una médica obstetra que ya la había atendido en el pasado. Dado que el embarazo está en un estado demasiado avanzado, Irina le ofrece que se quede en su casa hasta dar a luz. El trato no es desinteresado. Irina debe buscar una pareja dispuesta a pagar por el futuro bebé y luego dividir las ganancias con Carla. Dado que Carla no tiene ninguna garantía para dar a los futuros padres interesados en adoptar a su hijo, ella misma se transforma en carne propia en el garante de esa acción, resultando prisionera permanente y voluntaria en casa de la médica. Hasta ahí parece que asistimos a un drama de época en el que la idea de violación, aborto, trato o destrato médico, lesbianismo gozaban de otros parámetros interpretativos. Sin embargo, comienza a tejerse cierta artificiosidad en la construcción de ese mundo en donde los pequeños detalles van resultando cada vez más siniestros. Por supuesto, esta idea de puesta en escena, se debe en parte a que se trata de una ambientación de otra época, al tratamiento del blanco y negro y al despliegue del diseño de cámara y fotografía. Pero algo de esta puesta en escena termina filtrándose en la historia, en la que en cada develación vuelve a dejar en jaque al espectador.

El apego es una película que trae varios discursos que hoy están en plena agenda política pero no le interesa mucho construir una historia que sea condescendiente con su tiempo. Al contrario, prefiere narrar la historia con ciertas fronteras dudosas como las del estatuto entre víctima y victimario, el del amor pasional, las patologías mentales como aspectos estructurales de una relación, etc. En este sentido, es ese invitado que nadie llamó, pero toca timbre. Interpela incomodando y sacudiendo más que intentando establecer una relación de empatía entre espectadores y protagonistas. Una historia políticamente incorrecta, pero no porque sea condenable su narrativa sino porque no le interesa quedar bien con ninguna agenda. Tal vez por ello su estreno es relevante. Desde ya es una gran película, hermosamente construida, pero lo que la hace necesaria es ese diálogo involuntario que establece con su tiempo sin emitir juicios morales y desde el refugio de una lejana Argentina de hace cincuenta años.

EL APEGO
El apego, Argentina, 2021.
Guión y dirección: Valentín Javier Diment. Música: Gustavo Pomeranec. Montaje: Diment- Blousson. Dirección de fotografía: Claudio Beiza. Producción: Vanesa Pagani, Valentín Javier Diment. Intérpretes: Lola Berthet, Jimena Angamuzzi, Marta Haller, Germán De Silva. Duración: 102 minutos.

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