VIE 19 17:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
VIE 19 11:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
SAB 20 19:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 1)
Online: VIE 19 SAB 20 DOM 21 LUN 22

El positivismo pegó fuerte en el ambiente científico argentino de finales del siglo XIX y principios del XX. Tanto así como para no solo tener sus popes locales sino también para tentar a científicos del epicentro mundial a viajar y hasta instalarse en esta Meca sudamericana. Ese fue el caso de Christofredo Jakob, neurobiólogo alemán que llegó en 1899 tentado por la irresistible cantidad de cerebros disponible para diseccionar y estudiar. Jakob instaló su laboratorio y realizó sus investigaciones en el entonces Hospital de Alienadas (hoy Hospital Braulio Moyano) y se convirtió en eminencia y referente. Como muchos de los intelectuales y científicos de su época tenía intereses en diversas áreas de la ciencia y también del arte.  Se interesó por el cerebro de humanos y mamíferos, por la fauna autóctona, por la geografía y la exploración, tocaba el piano, dibujaba, y documentaba sus estudios con abundantes colecciones, ya sea de fotografías de las internas del hospital como de numerosos frascos con cerebros conservados en alcohol. 

Guadalupe Gaona e Ignacio Masllorens, en su primera película juntos, intentan abordar la obra y el legado de Jakob de manera indirecta a través de un relato no convencional. El objeto del documental es tanto su protagonista como las huellas de su paso, lo que queda en el presente, tanto de la obra como los vestigios de una época. Así es como en buena parte del film nos muestran el pabellón abandonado o semi abandonado del que fuera el área de trabajo de Jakob, donde se encuentra la mayor parte de su colección y que algunos quieren restaurar para presentar estas investigaciones al público. 

Este recorrido inevitablemente fantasmal por ambientes derruidos y deteriorados por la humedad y el abandono, el registro de las cantidades abrumadoras de frascos con cerebros, fetos, animales disecados, cabezas diseccionadas, así como la recolección de los archivos, fichas y fotografías de pacientes, muestran la huella derruida de una época, la de un cientificismo riguroso y a la vez brutal, con voluntad de comprender y dominar el mundo y de explicarlo y abarcarlo todo. Una visión y una metodología que se pone en contraste con las prácticas actuales, un poco más humanas aunque tengan que trabajar en situaciones más precarias, como cuando se muestra una reunión de psicólogos supervisando sus casos y discutiendo cómo proceder con sus pacientes, donde ya no solo hay que ocuparse de su situación psicopatológica sino también de su situación habitacional, de sus posibilidades de supervivencia en medio de la marginalidad, dando cuenta de una dimensión social y de clase recurrente en quienes terminan institucionalizadas que el positivismo de aquella época raramente tomaba en cuenta. 

El tono es muchas veces melancólico, una melancolía que una investigadora localiza en la mirada de algunas de las internas fotografiadas. Viendo la recolección de imágenes antiguas es inevitable que a la fascinación del hallazgo le acompañe también una sensación de tristeza. En ese contexto los autores logran también momentos de extraña belleza, como cuando en esa progresión y concentrándose en los detalles, las manchas de humedad y el deterioro por el paso del tiempo se llega a momentos de inquietud y también de pura abstracción. 

Entre los pocos entrevistados se encuentran la nieta y bisnieta de Jakob cuyas memorias desordenadas, presentadas en tomas largas conservando la desprolijidad del diálogo, dan también pistas del personaje en chispazos no sistemáticos pero jugosos que dan cuenta de lo que fue un espíritu de época. En esa misma búsqueda, los realizadores recorren también otros lugares que Jakob recorrió o donde dejó su huella como el zoológico de Buenos Aires, hoy en plena transformación, o los parajes de la Patagonia que exploró y donde quedó un mirador que lleva su nombre. Masllorens y Gaona no hacen una biografía lineal de Jakob ni tampoco un análisis o recolección de su obra, lo que intentan es la indagación de algo más inasible como la memoria.

ATLAS 
De Guadalupe Gaona e Ignacio Masllorens  (Argentina, 2021, 86 minutos)

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