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Esta tercera película de la directora tica Paz Fábrega  muestra la decisión de evitar lugares comunes y obviedades o sobre explicaciones en su relato, algo que ya había insinuado en su primera obra, “Agua fría de mar”. En relación con su ópera prima se trazan puentes en tanto ambas proponen pensar la maternidad desde distintas perspectivas, poniendo el deseo de unas en el lugar de las otras, lo que construye nudos conflictivos importantes.

Luisa es arquitecta y lleva adelante un proyecto comunitario de enseñanza de arte para niños. De casualidad descubre en problemas a Yuliana, hermana mayor de uno de esos menores, y advierte que está embarazada. La adolescente no estaba en plena conciencia del tiempo de embarazo, y había decidido no informarle a su familia. Luisa decide acompañarla en ese secreto, y la ayuda a buscar alternativas para entregar en adopción a la niña que nacerá. Y si las primeras decisiones que toma son algo aventuradas y pueden confundirse con una inconsciente manera de decidir todo lo relacionado con el embarazo y la niña por venir.

Lo que Fábrega pone en juego son las confusiones y las frustraciones de la mujer adulta, que se hace cómplice de las mentiras. Luisa llega a sugerir a Yuliana qué hacer para que sus padres no se enteren nunca del embarazo y la existencia de una hija.  Pero entre ambas surge también un afecto sincero,  la posibilidad saber que habrá alguien cerca y, de una manera imaginaria, construir una familia posible, hacer que su departamento se convierta en un hogar.

La cuestión de clase que separa a Luisa de los padres de Yuliana se hace patente no solo en el acceso al dinero, sino a los recursos simbólicos: lenguaje, entendimiento de las cuestiones de salud, inclusión en sistema legal. Luisa lleva a Yuliana de la mano por esos territorios que le son hostiles a la niña madre y al resto de su familia.

¿Qué mueve a la arquitecta a asumir un lugar de semejante responsabilidad? ¿Un deseo sincero de ayudar, aun cuando facilita la huida de la casa paterna, o un secreto interés de estar junto a Yuliana y a esa bebé que en unos meses nacerá? ¿Cuánto de su relación personal con la maternidad está puesta en juego aquí?

Las preguntas son el territorio de la película, aquí lo no dicho es un motor central. En esos interrogantes Paz Fábrega despliega lo mejor de su propuesta.

AURORA
De Paz Fábrega, Costa Rica/México, duración: 92 minutos.

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