DOM21 11:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
DOM21 17:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
LUN22 19:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey
Online: DOM21 LUN22 MAR23 MIE24 

En este segundo largometraje, la directora vuelve sobre una temática vinculada con la comunidad Wichi, proponiendo un relato que, aunque ficcional, es representativo de la tensión siempre existente entre pueblos originarios y la idea de desarrollo que rige la política de gestión que deriva desde los órganos estatales.

Ana (Verónica Geréz) es una arquitecta que trabaja en un desarrollo de viviendas que está llevando adelante la Secretaría de Vivienda y Desarrollo de la provincia de Chaco. Se traslada al monte con la idea de familiarizarse con la zona y hablar con los pobladores, pero una vez allí su mirada, hasta entonces neutra e inocente, se topa con el discurso de la comunidad que parece ir a contrapelo de los deseos de la gestión a la que pertenece. De esta manera, en unas pocas escenas Husek asienta esa división de aguas y esa incongruencia entre las necesidades de una comunidad que tiene una manera de habitar la tierra y de vincularse con el pasado y, por otro lado, esa imperiosa mecánica evolutiva –urbana, habitacional, etc.- que considera el tránsito y la estancia en los espacios desde otros términos.

Desde cierta perspectiva, la película no pretende disparar la idea de que el Estado desea arrasar y desembarazarse de la comunidad Wichi que habita el Gran Chaco. Tenemos todo el despliegue de un proyecto edilicio que parece a primeras una mejora en la calidad de vida. Y, sin embargo, la propuesta de trasladar a la comunidad a un sector del monte, que los Wichis ya han abandonado hace mucho, se topa con formas de habitar, pero también de deshabitar de los Wichis: esa es una zona que se inundó, ya no existe, “hay muchas presencias acá” señala Leonel un joven que oficia de guía a Ana, al referirse al espacio donde el secretario de Vivienda pretende reubicarlos.

Así avanza la película: como un diálogo en donde los organismos estatales son sordos, pero no ciegos ni mudos. En la articulación con esta historia central, vemos a Ana en una rutina diaria en la que frecuentemente se encuentra en situaciones de violencia de género. Como una suerte de motivo recurrente aparece una y otra vez esas escenas que enfrentan a Ana con situaciones incómodas. Llegado cierto punto el espectador podría preguntarse qué es lo que esta suerte de analogía entre mujeres y minorías étnicas quiere decir. El encontrarnos familiarizados a una situación de desventaja frente a otro que puede ejercer su poder sobre nosotros, ¿puede permitirnos una empatía con aquellos que también padecen esa violencia? O bien, pensándolo en este marco narrativo, ¿este es el detonante que llevará a Ana a producir un acontecimiento inesperado? ¿Dudar de tu propio proyecto es suficiente?

La película plantea un relato bien armado y consolidado, con personajes poderosos y sutiles. Expresa una idea clara aunque por momentos resulta difícil determinar qué postura toma respecto de esa incongruencia que hace al tema del film.

HUSEK
De Daniela Seggiaro (Argentina, 2021, 89 minutos)

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