LUN22 11:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
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Metok, junto con Hamdam (2013) y La familia chechena (2015) conforman una trilogía de formas-trayecto que en nuestra contemporaneidad resultan cada vez más frecuentes. Martín Solá, al igual que en sus dos entregas anteriores, logra construir una perspectiva, una mirada que fluctúa entre lo íntimo y la distancia justa.

Metok es una monje tibetana que desea volver a su tierra natal, ubicada al norte del Tíbet, para ayudar a su madre a asistir un parto. Así se presenta ella en un primer plano que habla a cámara de manera contundente.

A medida que avanza Metok, la cámara va tomando diversas posiciones que constituyen imágenes que hilvanan una historia sencilla, pero en donde el foco de interés para el espectador tiene más que ver con esa distancia justa que se establece con aquello que resulta ajeno y próximo simultáneamente.

Hace unos años, Nicolás Bourriaud, un pensador y curador francés, que trabaja en torno a la artes visuales contemporáneas, había señalado esta impronta en las obras como modos de traducir y enlazar instancias geopolíticas divergentes. Este fenómeno tenía que ver con la manera en que se trazan formas-trayecto y un planteo estético que el autor calificaba de “radicante” para oponerlo a la radicalidad del arte moderno. Esta dinámica, era asociada con los traslados que realizan los artistas en tanto semionautas, traductores de culturas y espacios.

Metok forma parte de esta particular propuesta que tiene que ver con la forma que miramos lo propio y lo ajeno; una propuesta que hace posible que un cineasta argentino pueda narrar los problemas que se viven en Palestina, en Chechenia o en la India. Por supuesto, aunque Bourriaud no lo exprese tan abiertamente, los procesos de la mundialización de la cultura y la globalización en general no son restrictivos de las artes visuales y sin duda, el cine en su veta ficcional o documental, se posiciona a la cabeza para traernos esas formas-trayecto que venimos describiendo.

Una propuesta sencilla que invita a cierto trance en esas imágenes hipnóticas, en esos sonidos sin imágenes, en los primeros planos de instrumentos desconocidos y planos abiertos a un paisaje cuyo límite es difícil de determinar, al igual que el comienzo y el fin de cada cultura geopolítica.

METOK
De Martín Solá (Argentina, Italia 2021, 61 minutos)

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