SAB 20 14:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
SAB 20 20:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
DOM 21 16:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 1)
Online: SAB 20 DOM 21 LUN 22 MAR 23

A las 21:40 del 25 de Octubre de 1917 el Crucero Aurora, atracado en el río Neva de San Petersburgo disparó una salva al aire, señal convenida para el comienzo de la toma del Palacio de Invierno. Momento clave y fundacional, ese célebre y mítico cañonazo se convirtió en el grado cero, el punto que (convencionalmente, por supuesto) se toma como el arranque de la Revolución Bolchevique y que fue celebrado de manera épica durante todo el período de existencia de la Unión Soviética. Cien años después, en Octubre de 2017, los festejos, por llamarlos así, oscilan entre lo pobre y lo inexistente, una conmemoración apenas relegada a las muestras en los museos, con la intención, explícita o no, de convertir a la revolución exactamente en eso: en una pieza de museo. Estos intentos de invisibilización (que paradójicamente recuerdan a ciertas prácticas estalinistas) no impiden por supuesto que la memoria persista. 

Desde otra punta del globo, la realizadora cordobesa Sofía Bordenave viaja a San Petersburgo (que durante el periodo soviético fue Leningrado y con la caída del comunismo volvió a su nombre zarista) para rastrear qué queda de aquella Revolución, antes que en la nueva historia oficial, en la memoria de las personas, o de algunas personas. Entre el puñado de personajes que dan su testimonio se destaca Katya, quien vivió la última etapa del proceso revolucionario y ofrece su testimonio de primera mano de las luchas colectivas. Ese testimonio contrasta con la actitud lúdica de recolección histórica de Karl y Nikita, dos jóvenes que se dedican a recorrer los techos de la ciudad (Roofers es el modo en que se llaman a sí mismos) y se cuelan en antiguos edificios oficiales hoy en ruinas para recolectar huellas de la era soviética con vocación de coleccionistas. Lo cual da también la idea del descuido y el desinterés que las autoridades actuales tienen por su propia historia.  

La nostalgia inevitablemente se cuela e impregna el relato. Esto es lo que se desprende del testimonio de Anastasia. Su voz en off recorre todo el film y agrega una dimensión entre poética y filosófica. Anastasia hace una sentida evocación de su padre, un idealista revolucionario, un intelectual que acompañó la revolución con entusiasmo mientras pudo. Una evocación que se extiende a algunos personajes de esa primera época, entre los que destaca Aleksandr Bogdánov, quien escribió un libro de ciencia ficción de donde toma su nombre el film y tuvo múltiples intereses que iban de la literatura a la política, la filosofía y la medicina, y que en este último campo elaboró teorías que llevó a la práctica acerca del rejuvenecimiento por medio de las transfusiones de sangre. Estas ideas utópicas de Bogdánov y otros contemporáneos incluyen tópicos que van de la resurrección de los muertos a la  conquista de otros planetas. Una recolección de ideas que a veces pueden parecer disparatadas y otras veces geniales y también ambas cosas al mismo tiempo, y que dan cuenta de una era cuando estaba todo por hacerse y el futuro era un promesa y un lugar a construir.

Bordenave decide no apelar al archivo de época y, si las palabras de los personajes refieren constantemente al pasado, la cámara se clava en el presente. Este contraste entre las palabras y la imagen da cuenta de esa sensación de derrota cultural, tanto por el recuerdo de una época heróica como por la  inevitable tristeza ante lo que vino después así como por la constatación de un presente gris y decepcionante. Y en esa oposición de pasado y presente donde el discurso oficial prefiere el silencio y hasta el Partido Comunista despliega un festejo tímido y acotado para después irse a dormir temprano, el film de Bordenave hace un rescate poético del futuro, un futuro que no fue pero que persiste en los recuerdos y los escritos de quienes lo soñaron. Un futuro que podría estar en Marte como proponía Bogdanov o quizás en este mundo, pero que a pesar de todo se resiste a morir. 

ESTRELLA ROJA
De Sofía Bordenave (Argentina, 2021, 73 minutos)

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