MAR 23 20:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
MAR 23 14:00 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 3)
MIE 24 21:30 hs., Cine Ambassador (Sala Ambassador 1)
Online: MAR 23 MIE 24 JUE 25 VIE 26 

Un personaje, solo, en medio de la nada. Así arranca la última película de Nic Loreti. No conviene contar demasiado salvo lo que está planteado en los primeros minutos. Diego (Demián Salomón) está sentado en un auto en un descampado en algún lugar de la provincia de Buenos Aires, está esperando algo o alguien. Al principio no sabemos qué pero intuimos que hay algo turbio. Lo que sabemos en ese momento es que Diego tiene una apariencia rockera (campera de cuero, remera de los Misfits, peinado a los chuzazos) y un conocimiento enciclopédico de Racing Club, tanto para como para ponerse a participar en un concurso radial sobre la historia de la Academia. Esto mientras espera. Hasta que pronto empiezan a pasar cosas, los acontecimientos se precipitan, llegan los personajes inesperados, los problemas, la violencia, las revelaciones y todo se complica cada vez más.  

Punto rojo es una ampliación de Pinball, un cortometraje que Loreti realizó en 2019 y que aquí se reversiona como una de las escenas de la película esta vez con Salomón en el personaje opuesto al que había interpretado entonces. Si se puede emparentar con algún punto de su filmografía es con Diablo (2011), su primer film y también quizás con Una tumba para tres (2021) que dirigió Mariano Cataneo y Loreti coescribió (y donde Salomón tenía un papel destacado). Aquí también se trata de pocos personajes, pocas locaciones, una trama que transcurre en unas pocas horas, una serie de malentendidos fatales y eventos desafortunados. De alguna manera se podría pensar en Punto Rojo como una versión agorafóbica de Diablo. Si en aquella todo transcurría puertas adentro en las cuatros paredes de la casa del protagonista, acá la mayor parte de los acontecimientos suceden en un mismo lugar a campo abierto, salvo dos escenas en un garage y un avión que son presentadas como flashbacks. Pero si hay un denominador común es la sensación de amenaza ante un desastre inminente. Y por supuesto la violencia y el humor muy negro. 

Está claro que Loreti se desenvuelve con comodidad y soltura en este marco de policial sucio y con las limitaciones auto impuestas de espacio, tiempo y cantidad de personajes. Y a pesar de lo acotado de la propuesta, pasan cosas todo el tiempo, el relato es ágil y no da respiro. El trío protagónico de Salomón, Moro Angheleri y Edgardo Castro sostiene el relato con eficacia, mientras sus personajes están todo el tiempo tratando de matarse entre sí y cada vez están más rotos. La trama va dando volantazos jalonada por transiciones pop y disparándose a veces al terreno del absurdo (una de las revelaciones podría “cambiar el mundo como lo conocemos”). 

La violencia se despliega alegremente, por momentos jugando con el gore, pero sin ningún tipo de gravedad. Esta actitud liviana y hasta lúdica ante la violencia, que se sucede en estallidos y golpes repentinos, lo emparenta con el espíritu de Tarantino con quien también comparte el gusto por los diálogos y las réplicas filosas (es notable lo bien que están puestas y suenan las puteadas) y por las trivias, que en este caso son futboleras. Punto Rojo es un film que va al hueso y a las chapas, muy disfrutable en su aparente minimalismo, y que consolida a Loreti como un referente del cine de género en Argentina y un especialista de la violencia, la comedia negra y el desmadre. 

PUNTO ROJO
De Nic Loreti (Argentina, 2021, 80 minutos)

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