JUE25 11:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 4)
JUE25 20:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 4)
VIE26 10:30 hs., Paseo Aldrey (Sala Aldrey 1)
Online: JUE25 VIE26 SAB27 DOM28

El tema del doble (o más específicamente del Doppelgänger, según el término alemán que refiere al doble fantasmagórico, al alter ego amenazante o malvado) ha sido muchas veces tratado tanto en el cine como en la literatura. “Jesús López” aparece en ese escenario con un relato que tiene algunas particularidades interesantes: el proceso de la identificación se da en el momento de pasaje de edad, en un escenario que determina las características del personaje principal –una pequeña chacra de producción familiar tradicional alejada de la urbanidad- y la existencia de fuertes mandatos familiares del otro. La película abre lecturas sobre estos y otros tópicos gracias la austeridad expresiva del joven Abel y de cierta aridez propia del entorno.

Jesús López era el primo de Abel, un joven mayor que él, corredor de autos de una categoría local en una región rural. Falleció en un accidente, aparentemente provocado por otro hombre de la zona. Abel irá asumiendo el lugar de Jesús. Primero acompañando a su tío al río, luego reuniéndose con sus amigos y su pareja, finalmente subiéndose al auto que manejó Jesús, aunque solo para correr una última carrera que servirá como homenaje al joven fallecido.

Los padres de Jesús buscan en Abel alguien que ocupe el lugar del hijo, y Abel encuentra en esa casa una manera de salir de la chacra familiar. Ese es un espacio de tensión, bien relatado en la relación de Abel y su hermana: uno imagina que solo queda irse de allí, mientras quedarse es sostener una identidad que les es propia, una pertenencia, un legado. En la chacra la madre y la hermana, esa identidad que Abel lleva en su propio andar; en el pueblo, la nocturnidad, la posibilidad de amores, el auto y ser otro siendo Jesús.

“Las granjas familiares desaparecieron y solo queda un desierto de soja. Y en ese terreno baldío que deja cualquier muerte, los jóvenes de ahora buscan construir su identidad, resistir en un lugar donde el nuevo modelo los deja excluidos”, escribió Maximiliano Schonfeld, director de Jesús López.

Abel cree fugar hacia adelante a través de esa conversión, en la apropiación de ese fantasma; los padres de Jesús se apropian de él e imponen poco a poco sus mandatos al nuevo hijo; la madre y la hermana de a poco reconocen que no hay un lugar para él en ese mundo perdido de la chacra. No es solo la fascinación por ese joven ganador, esbelto, casi mítico la que lo impulsa a tomar el lugar, es el único camino que se le aparece como posible. Solo puede fugar hacia adelante siendo Jesús López.

Desde el comienzo de la película, con los títulos, Schonfeld juega con la idea de un espejo donde Abel se mira. Junto a la guionista Selva Almada se animan a jugar con la transformación física sin explicaciones, y así resuelven de un modo notable la relación de Abel con Jesús y el salto a ese futuro. He ahí otro interesante giro en la tradición sobre el relato del doble.

El otro y el afuera, el mito y la salvación, los espejos, los ritos y los rezos, los mandatos, el pasaje de la edad son contados mirando algo más: la pobreza y la lenta destrucción de formas de vida, los largos ciclos temporales y las identidades en busca de un imaginario hegemónico de felicidad. Sobre eso trabajan Schonfeld y Almada en el guion, que está plasmado con agudeza por el director, en una película que se abre, y se sigue abriendo tiempo después de haberla visto.

JESÚS LÓPEZ
De Maximiliano Schonfeld (Argentina / Francia, 2021, 90 minutos)

Compartir