Estreno en salas.

David es un adolescente y su pasaje por esa etapa es en parte como la de muchos otros. Es inseguro, está buscando su identidad y en buena medida se apoya en sus grupos de pertenencia para tratar de construirla. Pero hay otra parte de su vida que se parece muy poco a la de los otros chicos de su edad. David entrena todos los días de forma rigurosa y exigente y se ha construido un cuerpo de fisicoculturista que mantiene y perfecciona bajo la mirada atenta de su entrenador y de Juana, su madre. Se podría decir que David está obsesionado por su físico y un ideal de perfección y no se estaría del todo errado. Pero habría que añadir que, por sobre todo, es su madre la que está obsesionada con ese cuerpo, el de su hijo, y es bajo su tutela que la transformación de David se está llevando a cabo, siendo ella la que supervisa los avances y sanciona los retrocesos y las conductas que puedan apartarlo del objetivo.

Juana es artista plástica y está preparando una exposición en la cual su hijo, o su cuerpo para ser más precisos, es el elemento principal. Y es por esto que vigila menos con preocupación de madre (o lo que uno supone que esto pueda llegar a ser) y más con rigor profesional y la actitud posesiva de quien considera que ese adolescente le pertenece y por ende le caben todos los derechos y la justifican para una exigencia desmedida. Donde otros pueden ver crueldad, ella ve precisión y disciplina, y en ese camino cualquier desvío es señal de debilidad. David acata como puede ese mandato con las inevitables y cada vez más notorias consecuencias sobre su cuerpo y su mente. 

En su primer largometraje, Felipe Gómez Aparicio aborda un tema y un ámbito poco transitado en el cine argentino, y lo hace con una historia que sin ser autobiográfica tiene bastante de personal, ya que según el mismo realizador declara, él mismo sintió en su adolescencia una presión similar a la de su protagonista, en su caso en el ambiente del rugby y en un contexto de clase media alta que es también en el que David se mueve. La elección de ubicar el relato en el ambiente del fisicoculturismo (y también del arte) puede ir en el sentido de establecer con más fuerza la búsqueda del ideal de perfección que es el ideal de belleza física establecida y hegemónica. Es por eso que tampoco suena casual la coincidencia del nombre del protagonista con la del célebre David de Miguel Ángel, modelo a su vez de perfección para la cultura occidental.

Pero sobre todo El perfecto David es una película sobre los mandatos, sobre padres que devoran a sus hijos (otra referencia clásica), o en este caso una madre que en su voluntad de usar a su hijo como materia prima, lo convierte conscientemente en objeto y no advierte, o no le importa, que esto puede arrasar con la subjetividad del joven.

En esta relación extraña y por momentos bizarra son fundamentales las interpretaciones de su dúo protagónico. Umbra Colombo se pone en la piel de una mujer pragmática, hierática y hasta despiadada y que en la manera de relacionarse con su hijo puede ser distante y asfixiante al mismo tiempo. Mauricio Di Yorio, en su debut en el cine, personifica a este David tironeado cuya presencia física imponente contrasta con su rostro aniñado, su timidez, su constante sentimiento de inadecuación y su vulnerabilidad. En este vínculo pocos momentos hay de ternura o calidez y sí unos cuantos de aridez, incomodidad o apatía. Y si hay algo que se siente en falta en el film es que este vínculo que se nos presenta ya dado no se explore un poco más en su historia y sus motivaciones.

Gómez Aparicio acompaña este relato de demanda y desapego con una puesta sobria, una estética de colores fríos y ambientes en penumbra, y un clima de tensión contenida y sentimientos reprimidos esperando estallar. Y si bien el camino en que David se embarca para complacer a su madre lo termina convirtiendo a él mismo en agente de un mandato tóxico y autodestructivo, el ambiente del fisicoculturismo es mostrado, sin embargo, como el más parecido a una familia que encuentra y donde quizás algo de su subjetividad y su deseo pueda respirar y abrirse paso.

EL PERFECTO DAVID
El perfecto David. Argentina, Uruguay. 2021
Dirección: Felipe Gomez Aparicio. Intérpretes: Mauricio Di Yorio, Umbra Colombo, Diego Starosta, Pablo Staffolarini, José Luis Sain. Guión: Leandro Custo, Felipe Gomez Aparicio. Fotografía: Adolpho Veloso. Edición: Federico Peretti. Producción: Martín Cuinat, Felipe Gomez Aparicio, Pablo Ingercher Casas, Ramiro Pavon, Fiona Pittaluga, Nicolás Pérez Veiga. Producción ejecutiva: Hebe Tabachnik. Duración: 75 minutos

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