Estreno en Netflix

Con el estreno de Fue la mano de Dios, Paolo Sorrentino parece cantar “O visto Maradona”, de la misma manera que habrá cantado centenares de veces en el estadio San Paolo. La influencia de la obra de Federico Fellini en el cine de Sorrentino es aceptada incluso por el propio realizador, quien nació en Nápoles en 1970. Así como Fellini, nacido en Rímini en 1920, contó en Amarcord su infancia y juventud pueblerina en el período de entreguerras, Sorrentino retrata aquí los años de su paso de la adolescencia a la adultez. Para ambos ese fue el tiempo de la educación sentimental que los llevó hacia Roma, ciudad en la que podrían realizarse los sueños.

Caracterizado por un cine popular y ecléctico, que puede pasar con un simple cambio de escena del humor al melodrama o de lo grandioso a lo íntimo, el cine de Sorrentino trae mucho de la cinematografía italiana post neorrealista, de Fellini a Scola pasando por la máscara de Sordi a través de Toni Servillo, actor de casi todas sus películas. Es un cine que, al mismo tiempo que tiene una búsqueda autoral, se propone ser masivo y popular.

Esta nueva película tiene mucho de comedia casi desopilante. Llena de un humor napolitano y de aquellos años ’80 en los que se hacían ciertos chistes que hoy no serían socialmente tan aceptables, la película establece una relación inmediata con el público desde la risa. Sorrentino cuenta su historia personal y, más allá de cierta ficcionalización, la historia está atravesada por la repentina tragedia que marcó su vida. Esa fue la puerta de salida de la adolescencia.

Fabietto Schisa es el álter-ego de Sorrentino. Vive con sus padres, su hermana Daniela y su hermano Marchino. Daniela es el personaje que siempre está, pero ausente, siempre fuera de campo y solo aparece sobre el final, por única vez, para develarle un secreto familiar.

Como buena familia napolitana, los Schisa son extrovertidos, se reúnen para grandes comilonas. María y Saverio, padres de Fabietto, son especialmente bromistas, capaces de hacer chistes de los más tremendos con absoluta seriedad. Ese humor los mantiene amorosamente cómplices. Entre familia y vecinos, Sorrentino arma un fresco fellinesco, sin que nunca intente disimular ese origen. La baronesa que se imagina parte de una nobleza ya inexistente; la suegra desagradable pero jefa en un hogar multifamiliar; la tía exuberante y sensual que erotiza a todos y hace morir de celos a su esposo; las hermanas mayores y obesas que presentan a sus novios tardíos; y el viejo abogado comunista que cree que Maradona es el milagrero venido de la pobreza.

Fabietto sueña con que Maradona llegue al Nápoli, es su mayor deseo. Nadie cree que eso ocurra, pero ese día finalmente llega. Su padre, que siempre había negado esa posibilidad, le regala un abono para la temporada en el estadio San Paolo, y el joven domingo a domingo irá a la cancha. Eso será clave en su vida.

Llega el mundial de México de 1986 y, aunque las apariciones de Maradona son esporádicas, tienen centralidad en la estructura dramática del film. Uno de ellos es el momento que centra la atención de estos especiales hinchas napolitanos: el partido entre la selección argentina y la inglesa. Sentados frente a un pequeño televisor ven el gol de Maradona con la mano. Anonadados ante la afirmación del comentarista televisivo, el viejo abogado comunista lo justifica haciendo un alegato anti colonialista. “Es una venganza contra los piratas”, afirma.

A partir de entonces Sorrentino se concentra en la historia de la casa familiar. La relación con su padre y la historia de su juventud, con su madre y el amor, la ruptura momentánea entre ellos, o la vocación actoral de su hermano. Aunque la detención de un tío estafador trae una escena definitivamente desopilante y absolutamente incorrecta, la película mantiene un tono calmo, hasta que irrumpe la tragedia. Ese momento cambia todo para el adolescente que fue, y el tono de la película cambia radicalmente.

Sorrentino salvó su vida al quedarse en su ciudad para ver al Nápoli de Maradona. Eso le salvó la vida. “Fue la mano de Dios, Maradona te salvó” le diría luego el viejo abogado comunista. Ese era el lugar del 10 en esta historia. Desde entonces su vida se modificó para siempre. Nunca antes había pensado en ser adulto, nunca antes había imaginado dirigir cine.

La película abandona la comedia exuberante para convertirse en un drama. Habrá momentos agradables y algún episodio de comedia mágica, como cuando en un lugar vacío y abandonado de Capri aparece de la nada un magnate árabe con su novia modelo.

La segunda parte del film tiene dos momentos destacables, no solo por ser centrales del pasaje de edad, sino por el tiempo y el modo con que Sorrentino los cuenta. El primero es la escena del debut sexual de Fabietto, que lejos de la tradición de la comedia popular es extraño, cálido y constituye una reivindicación del deseo de una mujer adulta. El segundo es la larga charla final de la noche a la mañana con un imaginario Antonio Capuano, el reconocido cineasta, que le indica el camino a seguir para llegar a hacer cine.

Sorrentino ha dicho más de una vez que Diego Maradona le salvó la vida. Como si fuera un dios pagano, esa afirmación tiene un sentido en lo real. Así en esta película le agradece al Diego haber sido una parte trascendente de su ilusión adolescente y un vector insospechado de todo lo que vino después.

FUE LA MANO DE DIOS
È Stata La Mano Di Dio. Italia, 2021.
Guion y dirección: Paolo Sorrentino. Intérpretes: Filippo Scotti, Toni Servillo, Teresa Saponangelo, Marlon Joubert, Luisa Ranieri, Renato Carpentieri, Massimiliano Gallo, Betti Pedrazzi, Biagio Manna y Ciro Capano. Fotografía: Daria D’Antonio. Edición: Cristiano Travaglioli. Duración: 130 minutos.

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