Film de apertura del Fildba, se puede ver online www.fidba.org/2021 y www.octubretv.com.

La película del realizador chileno radicado en Francia es la última parte de la triología iniciada por Nostalgia de la luz y continuada con El botón de nácar. En todas ellas Guzmán trabaja la memoria histórica chilena a partir en un registro poético que le permite articular espacios enormes e inabarcables para la dimensión humana, como el desierto, el mar o la Cordillera de los Andes, con lo pequeño, lo personal, lo cotidiano político: la impunidad de la dictadura y la creciente desigualdad social heredada de esta violencia sin castigo.

Su obra es una muestra de cómo el arte puede ser una forma de pensamiento crítico. Así como lo filosófico trabaja lo plástico, el infinito cósmico y lo microscópico perdido en el desierto del norte chileno; los Andes y la gota de sangre sobre el adoquín santiaguino hecho con piedra obtenida en aquellas montañas.

En este caso, Guzmán vuelve a su Santiago de Chile natal y aborda la cuestión de la memoria sobre la dictadura pinochetista a partir de una mirada fascinada y fascinante de Los Andes. El trabajo visual repone las cumbres y sus espacios inaccesibles de un modo dialéctico entre lo infinito y el detalle mínimo. La cordillera funciona como una puerta a la reflexión: es lo monumental que siempre oculta algo, que no deja ver algo que vive por dentro tanto como un espacio olvidado por los propios chilenos. “El 80 por ciento de Chile está olvidado”, afirma uno de los entrevistados sobre ese territorio inabarcable. E inmediatamente queda una pregunta flotando ¿qué o quiénes representan ese 80 por ciento? Lo geográfico implica acá lo humano.

Del mismo modo que sobrevuela con su cámara la cordillera, Guzmán sobrevuela su barrio de infancia y cuando encuentra la hermosa fachada de su casa familiar, eleva la cámara y desde el cielo se descubre que tras esta arquitectura perfecta, el interior está demolido y convertido en un basural. Las imágenes de Los Andes impenetrables y de su casa pura fachada, son la forma en que el realizador traza ese encuentro. El neoliberalismo, oculto en el supuesto esplendor económico chileno, es también esa casa, que parece no poder reconstruirse. Esa casa es aquel Chile del cual Guzmán se fue para siempre después del golpe de estado de 1973.

La cordillera de los sueños rastrea a través de imágenes de archivos los registros de la memoria. Recurre a las imágenes del cineasta Sala, quien graba movilizaciones populares desde finales de la dictadura pinochetista. Con ellas dibuja un panorama donde pasado y presente se encuentran constantemente.

Aun cuando Guzmán filmó esta película mucho antes de los sucesos de octubre de 2019, que definen el presente de los días chilenos a partir de las protestas y la represión, la realidad de desigualdad y desapariciones o muertes, se dibujan en este película con el fondo imperturbable de Los Andes.

La cordillera de aquellos sueños es, entonces, aquella fachada imponente que oculta lo que se vive en un país marcado por una dictadura que no cesa de ocurrir.

LA CORDILLERA DE LOS SUEÑOS
La cordillera de los sueños. Chile, 2019.
Dirección y guion: Patricio Guzmán. Investigación: Nicolas Lasniba. Producción: Renate Sachse. Asistente de dirección: Nicolas Lasnibat. Dirección de fotografía: Samuel Lahu. Montaje: Emmanuelle Joly. Sonido: Álvaro Silva. Duración: 84 minutos.

Compartir