Estreno en cines.

Con el cambio de milenio se produjo un boom del cine de terror oriental. La primera oleada vino de Japón, y por eso la primera etiqueta al uso fue la de J-Horror, pero pronto empezaron a llegar a occidente películas de Corea del Sur, Tailandia o Singapur que, aún en su diversidad tenían puntos en común ya que trabajaban mayormente con la vertiente sobrenatural y el subgénero de fantasmas. Sadako y Kayako, los espectros principales de The Ring (1998) y Ju-On (2000) respectivamente, pálidos, quebradizos y pelilargos, dieron forma a la estética a seguir. ¿Y en el caso de China? También aportaron sus exponentes Taiwan y sobre todo Hong Kong, con El ojo (2002) de los hermanos Pang como uno de los más reconocidos que participaron de ese modelo predominante. La República Popular China, por el contrario, no tuvo exponentes de importancia (si es que acaso tuvo alguno) y eso se debe en buena medida a la bajada de línea del gobierno chino que desalienta, cuando no directamente prohíbe, entre otras cosas la fantasía y lo sobrenatural para no alentar las “supersticiones feudales”. Suena hasta gracioso, pero al fin y al cabo la historia universal de la censura ofrece ejemplos abundantes en el terreno del ridículo.

Dado este contexto parecía bastante sorprendente el anuncio de que una nueva entrega de El aro (o The Ring, tal su título internacional), la película de Hideo Nakata que dio el puntapié inicial del boom, llegase precisamente de un lugar donde lo sobrenatural es mala palabra a nivel oficial. Pero como los misterios fantásticos suelen tener explicaciones naturales en muchas películas malas, en este caso la solución del enigma es de lo más pedestre. El aro, la resurrección poco y nada tiene que ver con The Ring original. No es una secuela, ni una precuela, ni una remake, ni un reboot (todas manifestaciones que el original nipón ya tuvo). Al mero alcance de nombres (el título internacional se traduciría como El peligroso aro de Internet) se le suma la participación del realizador japonés Norio Tsuruta, director de Ring 0: Birthday (2000), precuela, esta sí oficial, del primer film. No mucho más.

La trama, adaptación de una novela del escritor chino Ma Boyong, coloca a una pareja de estudiantes en la resolución de unas misteriosas muertes que parecen producirse luego de que las víctimas leen una novela web donde cada muerte se corresponde a la que se describe en un último capítulo que se va actualizando periódicamente. No parece muy aterrador cuando se lo describe y tampoco lo es en pantalla, como suele suceder en la mayoría de los exponentes del Cyber Horror, es decir el terror basado en la tecnología. Como excepciones podemos mencionar la original The Ring, Kairo (2001) de Kiyoshi Kurosawa o más recientemente Host (2020). Los ejemplos de fracaso sobran.

Tsuruta deja bien en claro que este es un trabajo de encargo y entrega la puesta en escena más rutinaria y desganada posible, haciendo un uso descarado de los clichés del J-Horror (empezando por el infaltable fantasma femenino de pelo largo) y desplegando un relato que en principio es más o menos de manual y en su transcurso se va haciendo cada vez más inconsistente, con un desenlace que no por explicable en los términos ya expuestos deja de ser desconcertante en su torpeza y hasta su moraleja final.

Decepcionante para el público en general y para cualquier fan del terror en particular, es inevitable la pregunta de por qué hicieron esto. Quizás la respuesta esté simplemente en las intenciones declaradas de advertir acerca de “los peligros de la adicción a internet” y la recomendación de hacer de esta “un lugar mejor”. Aunque parezca ridículo. Porque quizás este resultado risible dé la clave de cuál podría ser para un producto de este tipo un destino alternativo al descarte: el consumo irónico.

EL ARO: RESURRECCIÓN
The Perilous Internet Ring. China. 2020
Dirección: Norio Tsuruta. Intérpretes: Meng-Po, FuMu-Si, NiYihan Sun. Guión: Yang Yang, Norio Tsuruta , Ji Jialing, Wu Yuyao, Sun Ying, sobre la novela She Died On QQ de Ma Boyong. Fotografía: Kanda Hajime. Montaje: Sunaga Hiroshi. Música: Obata Takahiro, Okawara Masaru. Dirección de Arte: Li Jia. Duración: 95 minutos.

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