Estreno en el Complejo Gaumont, en Cine.Ar TV y Cine.Ar.

Curiosamente, o no, algunas muy buenas películas recientes del cine argentino se asemejan en éste tópico del duelo. Jesus López de Maximiliano Schonfeld, Nosotros nunca moriremos de Eduardo Crespo también trabajan alrededor de la muerte del hijo. Tal vez sea la muerte, la desaparición una de las marcas de este presente tan extenso, que pareciera no tener fin. Duelos constantes donde se duelan a cercanos y extraños pero donde también se duela una época, un modo de vivir, cierta manera de la afectividad. Los tres directores, cada uno con su estética y su estilo, se centran en lo que seguramente sea la peor de las desapariciones, la del hijo.

En Piedra noche, el comienzo es no solo extraño sino que funciona como intriga de predestinación de lo que veremos más adelante. La secuencia de títulos se inicia con un mar calmo, de cielo algo nublado y el título de la película aparece en grandes letras verdes, cubre toda la pantalla. De pronto unas huellas en la arena marcan la perpendicularidad de las marcas de un auto, que son borradas por el calmo oleaje del mar. Una nueva huella aparece y lentamente desaparece a nuestra vista la vez que se cruzan y se descruzan entre ellas. Esta secuencia, que es más que los simples créditos, acompañada por  una bella música nos retrotrae a una película más antigua, esas donde la secuencia de créditos nos ponían en alerta, nos daban pistas a seguir. Y efectivamente es así, dos vidas atravesadas por una tercera que se trunca y por una cuarta que acompaña, que ayuda.

También sucede algo extraño con el tiempo de la película, no se puede precisar de que época es. No hay marcas de época al menos visibles. Una televisión aparentemente moderna cohabita con el aparato con el que juega el nene, una especie de gameboy. Tal vez sea un gesto consiente hacerla atemporal, toda muerte es atemporal, en ella se desmarca el tiempo y el espacio y el recuerdo y el duelo y la ausencia son permanentes e infinitas.

La pregunta que recorre la película de Iván Fund (y tal vez las dos mencionadas anteriormente también) es ¿Cómo contar un duelo? ¿Cómo narrar la muerte del hijo? ¿Cómo filmar sin estridencias, sin tocar los tópicos del melodrama, sin acercarse a dramatizaciones ruidosas, ese duelo que suele ser el más doloroso, el más angustiante porque quiebra la cadena natural de la vida? Iván Fund y su equipo, con el relato siempre sensible de Santiago Loza y el discreto y perfecto montaje de Lorena Morricone logran uno de los modos donde la afectividad, la emoción, está ubicada en los pequeños gestos, en las miradas de la madre (una magnifica Mara Bestelli), en los gestos extrañados y extraños del padre y en el silencioso y amable acompañamiento de la amiga de la madre. Esos tres cuerpos que comparten cierta quietud, donde los abrazos, donde una mano sobre la otra tienen más peso específico que las palabras.

Nada sabemos de la desaparición del niño, nada sabemos de su posterior búsqueda, de su sepelio, de su entierro. Este gesto es central, no se trata de saber cómo, dónde o porqué murió el niño sino los efectos que esto produce en sus padres. Cómo se sobrelleva un duelo, cómo se soporta la desaparición. Y Piedra noche muestra al menos dos posibilidades: la de la madre, contenida, emotiva, tratando de sostener los restos que quedan de esa familia y la del padre que apuesta a una mirada más sobrenatural, más fantasiosa. Todo vale para poder transcurrir esa experiencia dolorosa.

El nene había creado un kaiju, que es una figura oriental, la hizo con patas de mosquito y cuerpo de monstruo. El nene jugaba con esa figura en esa especie de gameboy. Cuando el niño deja de pertenecer al mundo de esos que parecemos vivos, el padre se va obsesionando con esa figura creyendo que el niño permanece en ella. Ya nada importa y a la vez toda respuesta a la muerte es válida, más cuando la fantasía y el juego aparecen. Cada cual duela como puede. La escena de los padres encontrándose con esta figura en la orilla del mar es tranquilizadora y a la vez emotiva. La amiga que los mira desde lejos, no juzga, acompaña esa hermosa escena sin participar activamente. De hecho la película elige cerrase sobre su figura, ella que ha acompañado el proceso es quien con una incipiente sonrisa mira a esos padres que, de algún modo, logran la reconciliación con la muerte.

Una bella película, corrida de cualquier estigma del presente y a la vez cruzando un tema tan eterno. Fund ha logrado construir un universo cinematográfico donde la poética de la intimidad se desarrolla en los gestos, en las miradas, en la música; esas intimidades que a veces sólo con la afectividad pueden compartirse. Fund no se acerca a las grandes espectacularidades del mundo, sino que sus películas amplifican las experiencias de la intimidad, un cine de texturas, de sonidos y también de señas amables con el espectador, que tanto se agradecen.

PIEDRA NOCHE
Piedra noche. Argentina/Chile/España, 2021.
Dirección: Iván Fund. Intérpretes: Mara Bestelli, Marcelo Subiotto, Maricel Álvarez, Alfredo Castro y Jeremías Kuharo. Guion: Santiago Loza, adaptado por Iván Fund y Martín Felipe Castagnet. Fotografía: Gustavo Schiaffino. Edición: Lorena Moriconi e Iván Fund. Música: Francisco Cerda. Sonido: Leandro de Loredo. Diseño de producción: Adrián Suárez. Producción: Rita Cine, Insomnia Films, Globo Rojo Films y Nephilim Producciones. Duración: 87 minutos.

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