Estreno en salas.

Justo cuando pensábamos que Roland Emmerich estaba cansado de contarnos las mil maneras en que se podía acabar la vida en la Tierra, nos llega su nueva película sobre el mismo tema, así que además de tener que cuidarnos de las distintas variantes de Ómicron, ahora hay que cuidarse por que la Luna se nos viene encima.

Todo empieza unos cuantos años atrás cuando en una misión rutinaria, una tripulación de la NASA ve algo rarísimo en la Luna que mata a uno de los tripulantes y casi destruye la nave. Al regresar a la Tierra las historias de los dos sobrevivientes no coinciden y mientras Brian Harper (Patrick Willson) dice que fueron atacados por una cosa viscosa que no se entendía bien qué estaba haciendo en el satélite natural cuando siempre nos dijeron que allá, en la Luna, no hay nada raro. Su compañera y amiga Jo Fowler (Halle Berry) dice que no pasó nada raro, niega la versión de Harper y los del organismo deciden que mejor imprimen la versión de ella. Harper pasa a ser desacreditado, dado de baja, pierde a su familia, se queda pobre y su club de beisbol se muda de la ciudad -bueno esto último no ocurre en realidad pero hubiera sido un buen toque-.

Muchos años después, KC Houseman (John Bradley-West), un don nadie conspiranoico y convenientemente nerd, descubre que la Luna modificó su órbita y que esa modificación implica que se nos va a caer encima, con todas las complicaciones previas del caso como cambios de mareas, desastres atmosféricos y el colapso definitivo del impacto que va a destruir todo. El nerd, que tiene un podcast y fomenta varias teorías disparatadas, decide contactarse con Harper que, como no es muy difícil de adivinar, es su héroe personal. Así, KC Houseman le cuenta al ex astronauta que se va a acabar la vida y que deberían hacer algo. Harper se da cuenta que solo un nerd de un podcast y un defenestrado ex astronauta no podrán hacer demasiado, así que decide ir en busca de Jo Fowler, ahora en la plana mayor de la NASA, que sigue creyendo que su amigo exageró aquel incidente pese a lo cual decide escucharlos y resulta que el nerd tiene razón, pero no solo eso sino que la NASA, a la que los dos protagonistas centrales sirvieron, está más sucia que una papa.

No hay forma de parar el asunto, la Luna comienza a acercarse en cada vuelta que da alrededor de la Tierra, los mares crecen, los volcanes entran en erupción, hay tormentas eléctricas y todo se empieza a destruir. Por supuesto, el ejercito (estadounidense, claro), piensa bombardear con misiles atómicos y hasta los chinos, que vieron que se está pudriendo todo, ofrecen colaborar con alguna cuestión que intente salvar al mundo. Mientras todo esto pasa, los dos astronautas tratan de salvar a sus respectivas familias y hay tiempo para que Donald Shutherland se ponga en la piel de esos personajes que tanto le gusta protagonizar. No ayuda mucho pero aporta su voz, su presencia y su historia, con eso ya es suficiente.

No le vamos a hacer bullying a la película por su mediocridad, y eso que el cine catástrofe de los setentas son de mis favoritas de la vida y me crié fascinado por La aventura del Poseidón e Infierno en la torre, pero esas películas al lado de esta son como Citizen Kane.

Hay efectos especiales y mucha pantallas verdes sobre la cual actúan los actores y todo un poco que se cae a pedazos, pero siempre queda un lugar para la esperanza y para una segunda parte incluso. Moonfall es mediocre pero dura apenas dos horas, así que para una tarde de pochoclo y aire acondicionado puede ser un buen plan. Si no les cabe el género ni lo intenten, porque el guión tiene más agujeros que un queso gruyere.

MOONFALL
Moonfall. Estados Unidos, 2022.
Dirección: Roland Emmerich. Guion: Spenser Cohen, Roland Emmerich, Harald Kloser. Intérpretes: Halle Berry, Patrick Wilson, John Bradley, Charlie Plummer, Donald Sutherland, Stephen Bogaert, Eme Ikwuakor, Michael Peña, Wenwen Yu, Carolina Bartczak, Maxim Roy, Hazel Nugent. Música: Harald Kloser, Thomas Wanker. Fotografía: Robby Baumgartner. Duración: 120 minutos.

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