Estreno en el Complejo Gaumont.

Registrando el presente de un conflicto pretérito, Nido de Miguel Baratta, documenta los testimonios de los isleños del Delta que hace más de una década vieron amenazado su estilo de vida frente al avance del multimillonario proyecto inmobiliario que prometía traer al Tigre una variación local de Key Biscayne. Anclado en esta circunstancia, traspasa esa meta inicial lanzando una interesante reflexión sobre la propiedad privada al tiempo que evita transformarse en un documental de denuncia directa con matices partidarios.

El caso tuvo cierta difusión entre el 2008, cuando se hicieron las primeras denuncias de impacto ambiental producto del dragado de las hidro excavadoras y de las consecuencias que trajo aparejado el levantamiento del nivel de tierra en varios metros. La zona comprende la región que va desde la confluencia del Río Luján y el canal Vinculación y se extiende a la Isla Esperanza. Recién en 2010 se logró detener la obra de Colony Park, pero para aquel entonces, muchas familias de varias generaciones de isleños habían sido desalojados de manera violenta, sin intervención judicial de por medio. Es decir, la logística consistió en quemar las viviendas o desmantelarlas al primer descuido. El punto de inflexión pareció ser la quema del galpón donde estaba ubicada la Cooperativa Esperanza, entidad que nucleaba las actividades comerciales de los isleños que vendían sus productos en el Puerto de Frutos. Muy a grandes rasgos este fue el conflicto económico social que llevó a los habitantes de la zona a estar en la circunstancia actual. Pero Nido no está tan interesada en recurrir al archivo y los documentos para rastrear el origen del conflicto. No pretende hacer una reconstrucción de estos hechos, sino anclar en el presente de las familias de isleños que subsisten en su relación con el hábitat y en una reconfiguración respecto de la idea que ellos mismos tenían y tienen sobre las herramientas necesarias para lograr una resistencia.

El documental tiene una fotografía muy cuidada, casi prodigiosa, que acompaña los testimonios al tiempo que crea espacios en blanco -en términos narrativos- pero que resultan fundamentales para hacer del presente existencial de los habitantes, el protagonista principal de la historia. Este parece ser el verdadero objetivo del documental: qué veo aquí hoy. En este sentido, hay que decirlo, la decisión no es fácil y trae, para bien y para mal, consecuencias. Sin establecer un juicio sobre las implicancias que tiene un guión que toma esta senda, tal vez uno de los aspectos que sobresale es la puesta en primer plano de la incoherencia de un sistema económico basado en la propiedad privada. Siempre y cuando se entienda que la arbitrariedad puede resultar un absurdo. Cuando uno tiene la posibilidad de ver cómo nace de la nada la propiedad privada, se torna visible la arbitrariedad del estatuto de propietario.

El segundo aspecto que emerge con claridad, y que parcialmente ya se ha dicho, refiere a las herramientas para lograr objetivos de lucha. ¿Qué elementos tengo a disposición para lograr una resistencia al poder económico? Muy pocas y en este caso solo una: la defensa de los humedales. Evidentemente la empatía por una familia que vive en la zona hace décadas no es una opción. Desde ya no le interesaba a Colony Park, pero tampoco a los funcionarios a cargo de entidades como el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible, el Honorable Consejo Deliberante, la Dirección General de Vías Navegables (dependiente del Ministerio de Infraestructura, Obras y Servicios Públicos de la Nación), Prefectura Naval Argentina entre otros. Resulta llamativo que ninguna de estas entidades, son mencionadas en el documental, salvo el emprendimiento privado Colony Park. Tenemos una disociación entre poder económico y político, disociación que surge por mera omisión. Dicho esto, hay que subrayar que no se trata de documentar bien o mal, se trata de tomar partido y decidir poner el foco en ciertos aspectos y obliterar otros. Pero, sin embargo, la mente del espectador navega y resulta indomable. En definitiva, ninguna película o propuesta –que en este caso sería el registro del presente- puede frenar las preguntas que el otro se hace. Y yo me pregunto a quién le sirve no mencionar a todos los funcionarios que colaboraron con este emprendimiento millonario.

NIDO
Nido. Argentina, 2021.
Dirección: Miguel Baratta. Montaje: Karina Expósito Sonido: Francisco Buduba. Música: Matías Chapiro. Dirección de fotografía: Nahuel Srnec. Producción: Salamancia Cine, Carolina M. Fernández, Jorge Leandro Colás.

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