La relación amorosa y muchas veces simbiótica entre los seres humanos y sus perros es el eje de En compañía, el documental de Ada Frontini que hoy se estrena en el Complejo Gaumont del barrio porteño de Congreso.

A través de numerosos testimonios, que incluyen a la propia directora y a su perra Carli, la segunda película de Frontini, luego de Escuela de sordo«, documenta el vínculo de diferentes personas con sus mascotas, en donde se revela la intimidad de estas conexiones cargadas de cariño y compañía mutua frente a historias de pérdidas afectivas y soledad.

«Me interesa la forma particular en que se manifiesta en cada vínculo, algunos tienen una relación más emocional, otros más racional y práctica, otros más de tipo parental», explicó Frontini sobre el filme que coescribió con Susana Pampín y Liliana Paolinelli.

“Esa compañía, esa posibilidad de comunicación sin palabras, es un vínculo interespecie totalmente único”, amplíó la directora.

Con una duración de 63 minutos, la cinta puede verse en la sala María Luisa Bemberg del Gaumont tras su paso por la Selección Oficial del Bafici 2021 y la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Jeonju, Corea del Sur.

¿Cuál fue el motivo de realizar una película sobre la relación de las personas con sus perros?
Creo que inconscientemente este proyecto empezó a existir desde el momento que adopté a Carli, mi perra mestiza. Ahí empecé a leer y buscar información sobre los perros, gustos, costumbres, necesidades y también sobre la evolución del vínculo con los seres humanos. Después, a través de ella conocí mucha gente y muchos perros. Y me interesó la particularidad de sus relaciones, tan parecidas y diferentes a la vez.

¿Y qué es lo que interesó de ese vínculo?
Me interesa la forma particular en que se manifiesta en cada vínculo, algunos tienen una relación más emocional, otros más racional y práctica, otros más de tipo parental. Pero en todos los casos, cuando animal y ser humano se miran a los ojos, pasa algo químico en el cuerpo de ambos que es de la naturaleza del sentimiento amoroso y es que se genera oxitocina, la famosa droga del amor.

Me interesa la manera en cómo esta relación entre dos especies puede repercutir de manera positiva para las dos, modificarlas para bien. Esa compañía, esa posibilidad de comunicación sin palabras, es un vínculo interespecie totalmente único.

¿Qué es lo que más te sorprendió cuando saliste a recoger testimonios de la gente y sus animales de compañía?
La diversidad de vínculos posibles. También el que las otras personas tuvieran en su historia un perro o perra especial que les generó un click en su vida. Me sorprendió la entrega que todos tenían para hablar de sus perros, las ganas de hablar de eso.

La gente habla de la amistad, de la relación casi parental, la compañía y hasta la “conducta impropia” de los animales. ¿Cuál fue el recorte y la línea de trabajo a la hora de la elección y luego la edición de los materiales?
Aunque no había algo fijo, todo apuntaba a la naturaleza y las formas del vínculo amoroso. Quise mostrar un pequeño abanico de imágenes que, aunque recortado, pudiera contar mundos formados por personas de diferentes edades, lugares, condiciones socioeconómicas, y situaciones sentimentales personales.

¿El universo propio que construye cada ser humano con sus mascotas es la excusa del relato para hablar sobre el amor?
Sí, también es la excusa para intentar ayudar desde mi lugar de cineasta a que algunos perros y por qué no decirlo, también algunes humanes, tengan una mejor vida. Es decir, a concientizar sobre la adopción responsable de animales. Es mi pequeña colaboración con las proteccionistas, que son las personas que aman a todos los perros de la manera más desinteresada que existe y trabajan para ellos de manera incansable. Si después de ver la película alguien adopta un perro de la calle o de algún refugio, se habrá cumplido el objetivo.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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