Estreno en salas.

La primera imagen es contundente: Un paneo sobre un enorme incendio forestal. Una línea de fuego se dibuja en la oscuridad del monte y el humo se levanta sobre el cielo nocturno enrojecido por las llamas mientras suenan sirenas lejanas. La imagen es bella y a la vez terrible a medida que advertimos la magnitud de la catástrofe. Bajo la corteza, primer largometraje de ficción del realizador Martín Heredia Troncoso llega en un momento justo y oportuno, cuando imágenes como las que describimos forman parte de las noticias y los debates recientes y a la vez se confunden con otras de episodios similares cíclicamente repetidos.

César (Ricardo Adán Rodríguez) es un trabajador rural de mediana edad de las sierras cordobesas. Su principal ocupación es la de desmontar, limpiar de vegetación de un área del monte para que su explotación sea posible. La situación es difícil, el trabajo escasea, y cuando surge la posibilidad de hacer desmontes para Zamorano (Pablo Limarzi), un empresario de la zona, César siente el alivio de tener un trabajo medianamente estable que le permita sobrevivir. Pero con el correr del tiempo, cuando Cesar demuestre sus condiciones de empleado responsable y confiable, Zamorano le va a encargar otro tipo de trabajo para posibilitar uno de sus emprendimientos inmobiliarios. César se verá en una encrucijada, ya que sabe las consecuencias de lo que le piden pero está a su vez acuciado por la necesidad.

El relato va mostrando el devenir de la relación entre estos dos protagonistas. Una relación inherentemente desigual, sostenida en el tiempo y a través de las generaciones (el padre de César trabajó también para el padre de Zamorano), basada en el dominio y la sumisión. Y esto es así  por más que no se manifieste en términos crudos y que al principio parezca una relación laboral razonable, respetuosa y prometedora. Heredia elude el estereotipo del empresario con rasgos de villano y muestra a Zamorano de una manera más ambigua, como un tipo de buen trato, campechano, que paga bien y a tiempo, y que tiene relaciones cordiales con la gente del pueblo, aunque a veces se tope con alguno que lo enfrente. Se asemeja en esto al planteo de otro film reciente como El empleado y el patrón de Manuel Nieto Zas, donde también las desigualdades se disimulan detrás de los buenos modales.

Es con ciertos indicios que se va sugiriendo el lado más oscuro del Zamorano. De manera más sutil cuando en una conversación amable con César deja en claro sin decirlo, a través de una anécdota de sus padres, que lo que espera es fidelidad y obediencia. De manera más evidente en el único momento en que parece perder el control, al enterarse que un obligatorio estudio de impacto ambiental pone en riesgo su emprendimiento millonario. Será con esta relación ya más afianzada y después de haberle hecho unos favores a César gracias a sus contactos en el pueblo (sacarlo de un apuro con la policía, facilitar unos estudios médicos para su hermana) que dejan a este en deuda, que llegará el encargo. El momento de su formulación no se muestra y queda fuera de campo, dejando al personaje en las sombras en las que normalmente opera, pero dando cuenta de su turbiedad.

Casar es un tipo honesto pero los problemas lo cercan. La dificultad para conseguir un trabajo a su edad y la enfermedad de su hermana le reducen las opciones. Sabe lo que está bien y lo que está mal en este caso y lo que tiene para perder sea cual sea su elección, sabiendo también que no hay vuelta atrás. César es además un tipo humilde, callado y acostumbrado a perderse en el paisaje o esconderse en sí mismo. Heredia muestra su disyuntiva, su pelea interna, tratando de no ser intrusivo y de no juzgar, dando cuenta de ella a través de su rostro, de su emoción contenida o de un llanto mostrado a distancia.

No hay discursos, no hay bajadas de línea explícitas. Hay un drama humano y una tragedia colectiva mostradas desde un lugar íntimo y desde una puesta ascética, de planos largos y silencios. Heredia aborda el tema tratando de atender su complejidad, que tiene que ver fundamentalmente con las relaciones de poder  y donde los principales responsables, aquellos que siempre se benefician, casi nunca son expuestos.

BAJO LA CORTEZA
Bajo la corteza. Argentina, 2021.
Dirección: Martín Heredia Troncoso. Intérpretes: Ricardo Adán Rodríguez, Eva Bianco,
Pablo Limarzi. Guión: Federico Alvarado y Martin Heredia Troncoso. Fotografía: Sebastián Nicolás Aramayo, Juan Samyn. Música: Anselmo Meliton Cunill. Montaje: Guillermina Chiariglione. Dirección de sonido: Juan Ignacio Giobio, Ignacio Seligra. Dirección de arte: Ana Fernández Comes. Producción: Ana Eva Mocayar. Dirección de Producción: Florencia Román. Jefa de producción: Ana Lucia Frau. Duración: 82 minutos

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