El Cine dentro del Cine, películas dentro de películas, él detrás de escena y la industria por dentro. Se lo asocia generalmente con el cine más autoral porque ofrece la oportunidad para que el cine reflexione sobre sí mismo, sobre sus procesos de producción y lenguaje. Pero además de esto puede ser un buen recurso, un marco propicio para contar una historia de terror, que permita jugar con los límites entre la realidad y la ficción o mostrar las aristas menos brillantes de una industria que puede también ser cruel y despiadada, tanto como para alojar sus propios monstruos. Basta un puñado de ejemplos de películas que muestran el horror tanto adentro como afuera de la pantalla.

La nueva pesadilla / New Nightmare (1994), de Wes Craven. Con Heather Langenkamp, Robert Englund, Miko Hughes, John Saxon, David Newsome, Wes Craven.
Diez años después de la primera Pesadilla en lo profundo de la noche, y después de haber dado muerte a Freddy en la sexta parte, Wes Craven volvía a tomar el mando de su criatura. Y no es que se necesiten demasiadas excusas para revivir a los asesinos del slasher, pero esta vez Craven venía con una idea diferente, la de que su criatura cruce al “mundo real” y que sus víctimas sean sus propios creadores, el mismo Craven y parte del elenco de la película original. Robert Englund hace su aparición como Freddy y como sí mismo y hasta el viejo y querido John Saxon es de la partida, pero la protagonista absoluta es Heather Langenkamp, la Nancy de la primera y tercera película, quien empieza a recibir todas las señales de que algo anda mal empezando por las recurrentes pesadillas con el hombre de las cuchillas. Mientras la preproducción de la nueva secuela avanza, empiezan a sucederse las ingeniosas muertes propias de la franquicia, y una serie de terremotos azota Hollywood, señal de que algo quiere cruzar para este lado. Hay ideas y cierto planteo acerca del poder de la ficción y de las historias pero en cuanto al planteo argumental y visual funciona al igual que los otros film de la serie como una alegre colección de muertes surrealistas y comedia negra. Dos años después Craven iría más a fondo con la autoconciencia en Scream, pero aquí ya estaba tanteando el terreno.

Disponible en HBO Max

La sombra del vampiro / The Shadow of the Vampire (2000), de E. Elias Merhige. Con John Malkovich, Willem Dafoe, Cary Elwes, Eddie Izzard, Udo Kier.
Es sabido que el Nosferatu de F.W. Murnau, posiblemente el primer film de vampiros de la historia del cine, casi desaparece, como su protagonista a la luz del amanecer, cuando sus productores tuvieron que hacer frente a una demanda de la viuda de Bram Stocker por haber hecho una remake sin permiso de Drácula, la popular novela de su marido, apenas cambiando descaradamente nombres y locaciones. Estos avatares legales habrían sido la coronación después de un rodaje tremendamente accidentado a causa de la original y peligrosa idea de Murnau de darle el papel del conde Orlok a un verdadero vampiro, ya que el actor Max Schrek no habría sido otra cosa que una criatura de las tinieblas quien a lo largo de la filmación no podía evitar tratar de alimentarse con miembros del equipo técnico o sus compañeros de elenco. Esta última es la premisa, un poco al borde del ridículo pero llena de posibilidades, del segundo largometraje de E. Elias Mehrige, quien en 1991 se había dado a conocer con Begotten, un debut experimental y tremendamente oscuro. Merhige reproduce a su manera las atmósferas del Expresionismo Alemán en un film que funciona como clásico relato de vampiros y como homenaje al género fantástico y al hechizo del cine silente. Pero lo mejor es la impresionante interpretación de William Dafoe como Shreck/Orlok, una caracterización que se mimetiza de manera asombrosa con el original de 1922 y a la vez dota al personaje de cualidades tanto cómicas como trágicas y brinda unos cuantos momentos espeluznantes.  

Berberian Sound Studio (2012), de Peter Strickland. Con Toby Jones, Tonia Sotiropoulou, Cosimo Fusco, Susanna Cappellaro, Layla Amir.
Los últimos años han visto un creciente interés en la revisión del Giallo, entendido en un sentido bastante amplio ya que este interés se extiende al terror sobrenatural italiano de los 70 que no es estrictamente Giallo, pero comparte con éste una potente estética. Parte de este revival quizás sea responsabilidad de Peter Strickland y de su extraño segundo film, el cual a pesar de jugar con gran parte de sus elementos no es ni un Giallo ni un film de terror en el sentido más convencional. Un sonidista inglés llega a Italia para trabajar en la postproducción de sonido de una película de terror que, como varios de los productos de la época, rebosa de erotismo y violencia, de imágenes impactantes y sangrientas. Esto lo deducimos por el sonido porque nunca vemos el film en cuestión y a pesar de ello lo vivimos como si efectivamente lo hiciéramos. Se podría decir que nunca el acto de trozar vegetales se sintió tan gore. El protagonista es testigo y víctima de un constante abuso y maltrato, pero esta pesadilla burocrática y laboral que va aumentando su intensidad para alcanzar niveles kafkianos es tratada por Strickland con recursos de horror sobrenatural metiendo a protagonista y espectador en un viaje alucinante y perturbador que le debe un poco a los films que referencia y otro poco al terror surrealista de David Lynch. El film transcurre por completo dentro del estudio de sonido lo que acentúa su atmósfera agobiante y la relación (y el desfasaje) entre imagen y sonido contribuye en la creación de climas ominosos. Ya  en su último tramo el límite entre realidad y ficción se vuelve totalmente difuso. Strickland no se molesta en explicar sus causas pero se asegura de brindarnos al mismo tiempo un deleite visual y una experiencia siniestra e inquietante.

La daga en el corazón / Un couteau dans le coeur (2018), de Yann Gonzalez. Con Vanessa Paradis, Kate Moran, Nicolas Maury, Jonathan Genet, Félix Maritaud.
Porno y terror comparten cierta historia de marginalidad cultural, un recorrido de escándalo y censura que los acompaña desde sus comienzos. Y en el caso de subgéneros como el Slasher hay hasta una estructura similar que reemplaza las escenas de sexo por los asesinatos. Quizás por esto la idea de Yann González de combinar ambos escenarios parece una opción fructífera y natural. A fines de los 70 en el rodaje de una película porno gay se suceden los cruentos asesinatos de miembros de su elenco. Su directora, que ya viene emocionalmente inestable por la separación tormentosa con su novia y editora, continúa la producción con la arriesgada idea de incorporar elementos del crimen. Gonzalez es claramente uno de los realizadores recientes seducidos por la estética del Giallo, tentado a jugar con su particular paleta de colores y su repertorio de recursos, tales como el asesino enmascarado y la pesquisa criminal que recuerda a los primeros films de Argento. Todo es emocionalmente excesivo, desde los crímenes hasta el duelo atormentado de su protagonista y hay una carga de sordidez pero que no proviene del retrato del mundo del porno ya que este elenco en peligro semeja más una familia que se cuida y contiene. Se trata de un pastiche que no tiene miedo al desborde, un poco retro, un poco kitsch, una mezcla retro de slasher, giallo, erotismo queer y melodrama que chorrea grasa y sangre. Un film de atmósfera oscura y triste pero a la vez luminoso en su celebración hedonista.

Disponible en Mubi

Censor (2021) de Prano Bailey-Bond. Con Niamh Algar, Sophia La Porta, Michael Smiley, Vincent Franklin, Max Bennett
El debut en el largometraje de la galesa Prano Bailey-Bond es una de las sorpresas recientes del género y uno de los mejores films de 2021. La historia transcurre a mediados de los 80 durante el pico de controversia por los llamados Video Nasties, películas de terror de bajo presupuesto y contenido gráfico a quienes se culpaba del aumento de la violencia en la sociedad. Su protagonista, Enid, es miembro del ente de censura estatal a cargo de calificar, cortar o prohibir las películas con contenido potencialmente nocivo en medio del pánico mediático presente. Enid se toma muy en serio su trabajo y es bastante intensa incluso para los ya severos estándares de la institución. Tampoco es la persona más estable del mundo, es muy poco sociable, reprimida y arrastra el trauma de la desaparición de su hermana cuando ambas eran niñas. Esta nunca fue hallada y sus padres a esta altura la dan por muerta, algo a lo que Enid no se resigna. En una de los videos que le toca ver cree reconocer a su hermana y entra a partir de allí en un territorio oscuro arrastrada por su certeza y fanatismo. La espiral que le sigue es sangrienta y alucinada y Bailey-Bond juega con los límites de realidad y ficción, con una puesta sórdida y opresiva y una excelente reconstrucción de época. Hay presentes temas como el duelo, la culpa, la necesidad de reparación y también el poder de las imágenes, con el horror como termómetro y reflejo de los miedos de la sociedad y también como un fácil chivo expiatorio. Todo ello en un marco inquietante y visualmente fascinante. Un film que es una revelación y que ubica a Bailey Bond como una promesa a seguir.

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