Las consecuencias para el medio ambiente y para los habitantes de las regiones afectadas por los incendios forestales son el eje de Bajo la corteza, primera ficción de Martín Heredia que ayer tuvo su estreno comercial. 

“Nací y viví durante muchos años en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra en Córdoba y desde muy chico pude ver el daño que año tras año generan los incendios forestales”, cuenta el director, describiendo su interés por la problemática.  

“Nos interesaba abordar la problemática teniendo en cuenta la cuestión ambiental pero centrada en un relato en el lado más humano y social”, completa el director. 

El relato, que transcurre en las sierras cordobesas, tiene como figura central a César Altamirano (Ricardo Adán Rodríguez), un trabajador rural que sobrevive precariamente desmalezando terrenos, hasta que conoce a Héctor Zamorano (Pablo Limarzi), un empresario que le da continuidad a su actividad con varios campos que una vez limpios, serán ocupados por un emprendimiento inmobiliario. 

Urgido por una situación precaria, con una hermana enferma (Eva Bianco), Altamirano encuentra en el nuevo trabajo la seguridad económica pero también, se convierte en el eslabón más débil de la ambición empresarial, que poco tiene que ver con el modo de vida de los habitantes de la región. 

¿Cómo surgió el proyecto tu interés por la temática de los incendios forestales? 
Nací y viví durante muchos años en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra en Córdoba y desde muy chico pude ver el daño que año tras año generan los incendios forestales. Pero hubo un año en particular en el que el incendio fue tan grande que llegó muy cerca de las zonas urbanas y hubo que evacuar muchas casas. La mancha negra al costado de la ruta, donde antes había un bosque, quedó durante mucho tiempo.  
Cuando estaba terminando mis estudios en la escuela de cine me di cuenta que esa imagen seguía muy presente y ahí empezó a transformarse en una idea para una ficción. Un tiempo después comencé a trabajar con el guionista Federico Alvarado y la productora Ana Eva Mocayar. Con “Bajo la corteza” nos interesaba abordar la problemática teniendo en cuenta la cuestión ambiental pero centrada en un relato en el lado más humano y social. Por esto hicimos entrevistas a bomberos de la zona y también a trabajadores rurales y desmontadores. A partir de esta investigación pudimos entender mucho mejor como los incendios atraviesan a las poblaciones y fue de estas entrevistas de donde surgieron los personajes de la película.  

Desde siempre el fuego es una de las prácticas habituales para el desmonte pero en esa «tradición» también está la codicia empresarial. ¿Luego de tu investigación para la película, qué solución alternativa podría ser razonable? 
Creo que para evitar los incendios forestales relacionados con la especulación inmobiliaria es necesario que existan leyes como la Ley de Humedales, la Ley de Bosque y la Ley de Manejo del Fuego. Si bien algunas de estas leyes ya existen, no son implementadas y tienen mucha resistencia por parte de los grandes productores.  
También creo que es necesario que tanto los bomberos voluntarios y los brigadistas forestales cuenten con más recursos y equipamiento para poder hacer frente a los incendios y reducir el daño.  
Para que todo esto suceda es necesario un estado presente, pero también es responsabilidad de los productores pensar en alternativas sustentables que tengan un menor impacto ambiental. 

El protagonista de la historia al igual que su patrón podrían ser tomados como prototípicos de las relaciones desiguales que se dan en el mundo laboral. ¿Cómo trabajaste el relato para sortear los estereotipos? 
El nivel de trabajo informal en nuestro país es muy alto y estos trabajadores y trabajadoras prácticamente no tienen herramientas de protección frente a sus empleadores. Cada situación tiene sus particularidades pero en muchos casos existe un abuso de poder por parte de los patrones. En el momento de escritura del guión nos cuestionamos mucho sobre las vidas de nuestros personajes y nos centramos en la complejidad del entramado social en el que cada uno vive, para así intentar alejarnos de los estereotipos. Nos sirvió mucho imaginarlos en situaciones cotidianas entendiendo que más allá del rol que ocupan en el relato, son personas llenas de contradicciones. 
Quisimos representar la complejidad de estas relaciones de poder sin juzgar ni al trabajador ni al empleador, pero sin dejar de mostrar que la desigualdad es el eje sobre el cual se mueven estos vínculos. 

En la película participan actores profesionales y otros que no lo son, cómo fue el trabajo para evitar los desbalances? 
Para mí era muy importante que el protagonista fuera interpretado por alguien de Traslasierra, por eso hicimos un casting abierto sabiendo que quizás venían actores y actrices no profesionales. Ricardo Rodríguez, el protagonista, es de Villa Dolores y trabaja sobre todo con la venta de leña y otras actividades rurales. Estudió teatro en Córdoba pero no se dedicó profesionalmente a la actuación. La incorporación de Eva Bianco y Pablo Limarzi al elenco, en los personajes co-protagónicos, fueron de mucha ayuda. Lo que más nos sirvió para encontrar un tono de actuación equilibrado fue poder ensayar las escenas más importantes de la película con el elenco completo.  

La película es de una notable actualidad teniendo en cuenta los recientes incendios en Corrientes pero que también son recurrentes en diferentes lugares del país. ¿Qué paralelo de la situación general encontrás con tu relato? 
En la película se muestra una de las aristas de los incendios forestales en Córdoba donde en el 90 por ciento de los casos se trata de incendios intencionales, en muchos casos para poder explotar las tierras para el negocio inmobiliario.  Las causas de los incendios Corrientes no son necesariamente las mismas, pero existe un vínculo con la explotación de las tierras.  
Lo que es común en casi todos los casos es que la crisis ambiental que vivimos hace que cada incendio sea cada vez más difícil de controlar y luego el daño se produce en una escala tan grande que es realmente muy complejo volver al estado natural previo. Se estima que son necesarios 60 años para que se recuperen los bosques o las reservas, pero estos tiempos no son compatibles con los modelos de producción que existen en la mayor parte del país.  
En Corrientes ya se quemó el 9% de la superficie provincial, y en Córdoba sólo queda menos del 3% de bosque nativo, estamos en un estado de emergencia hace muchos años. 

¿Crees que “Bajo la corteza” va a ayudar a la toma de conciencia sobre la problemática? 
Ojalá que después de ver la película, los espectadores y espectadoras se animen a informarse más, a contrastar opiniones, y que entendamos que tenemos que involucrarnos como sociedad en la protección del medioambiente. 

Publicado originalmente por el autor en Télam.

Compartir