El reconocido documentalista Alejandro Fernández Mouján estrena hoy en la Sala Leopoldo Lugones su último trabajo, (…) el mismo río, una película que reflexiona sobre la naturaleza y el paso del tiempo.

«En realidad no nació como idea para una película sino como un registro del paso del tiempo y su relación con la naturaleza a través de la imagen y el sonido en un determinado lugar», explica Mouján.

Con largos planos fijos, textos sobre el Río de la Plata, fragmentos de noticieros, dibujos y hasta la inclusión del director y su esposa en breves imágenes y diálogos en segundo plano, el ensayo documental toma un período de tres años, en donde los árboles y el río son testigos de los acontecimientos humanos y guardan también su propia memoria.

«Quise registrar el tiempo y cómo transcurre en un determinado lugar sin que una voz o un personaje lo contara porque en ese momento buscaba conexiones más sensoriales», completa el realizador.

La película, que podrá verse hasta 30 de marzo en la Sala Lugones del Teatro General San Martín, estará acompañada por una retrospectiva de la obra de Mouján, con cinco de sus películas: Las Palmas: Chaco (2002), Espejo para cuando me pruebe el smoking (2005), Pulqui, un instante en la patria de la felicidad (2007), Los resistentes (2009) y Damiana Kryygi (2015).

¿Cómo nació la idea de «El mismo río», qué quisiste contar?
En realidad no nació como idea para una película sino como un registro del paso del tiempo y su relación con la naturaleza a través de la imagen y el sonido en un determinado lugar. Me propuse este registro como una especie de diario, en principio sin límite de tiempo, sin ningún condicionante en cuanto al tipo de relato, como fecha de finalización o plazos de una producción.

Era solo yo con mi cámara, lentes, trípode y grabador. Empecé a ordenar lo que registraba en carpetas por fecha y a armar una línea de tiempo en un programa de edición como si fuese un diario. Nunca presenté esto como proyecto en ninguna posible fuente de financiación o subsidio. Sólo lo hice con el montaje ya avanzado, presentando un corte al Incaa para obtener un muy pequeño subsidio de ayuda a la post producción.

En la película el primer «registro humano» es Raúl Castro comunicando la muerte de su hermano Fidel. ¿Qué quisiste significar con eso?
En principio no quise significar nada, estaba allí en la casa registrando la lluvia que había comenzado con intensidad en ese momento. Estaba acompañado por mi mujer y ella miraba las noticias en el celular, cuando me avisa lo de Fidel, decido registrarlo y le pido el celular poniéndolo frente a la cámara. Como documentalista uno adquiere un reflejo que es registrar todo lo que parece que puede servir sin saber claramente para qué, a veces son hechos insignificantes, contingencias que se te presentan, en este caso el hecho era importante pero no tenía idea cómo funcionaría, era parte del registro de ese momento.

El recorte en el tiempo, de tu tiempo dedicado a la película, es cuando se plasman varios sucesos que atravesaron a la sociedad. ¿Cuáles son los eventos que consideraste y cómo se relacionan con un ensayo documental que tiene como centro a la naturaleza?
La película toma un lapso de tres años, dentro de los cuales vivimos una situación muy negativa tanto en el país como en la región, la vuelta del neoliberalismo de diferentes maneras. Supongo que tiene que ver con eso el hecho de replegarme de alguna manera y buscar en la relación con la naturaleza viejas conexiones relegadas por otras urgencias. El mundo o la realidad política se cuelan inevitablemente en el presente que vivimos y en la película sirven para abrir y cerrar ese paréntesis de tres años, de noviembre 2016 a noviembre 2019 y ubicarla en el momento. Quise registrar el tiempo y cómo transcurre en un determinado lugar sin que una voz o un personaje lo contara porque en ese momento buscaba conexiones más sensoriales, por eso también los textos citados en imagen, los fragmentos de poemas, de registros de otra época y algún dibujo, todo eso en ese mismo entorno.

Por un lado indagás sobre qué se dijo sobre el río que forma parte vital de la vida y por el otro, te preguntás si la naturaleza tiene su propia memoria, si se quiere, un interrogante sin respuesta. ¿Tu propia intervención con una película es una búsqueda quimérica?
Siento una gran atracción por el Río de la Plata y su costa, por lo que otros registraron acerca de él en diferentes épocas, me pregunto cómo registrarlo sin que sea solamente un bello paisaje. Descarté muchas de esas imágenes «bellas», de postal, fáciles.

Con respecto al río como metáfora del tiempo, hay una conocida frase de Heráclito, que dice más o menos así: ‘Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos’. Borges incluso ha escrito sobre esto en varios de sus textos. Por ejemplo en su poema Heráclito: ‘El río me arrebata y soy ese río’.

Tal vez la búsqueda de la película o la pregunta es: ¿Somos ese río? Y también pensar el río como idea de tiempo.

Creo que hay un cierto tipo de memoria en la naturaleza, no como la memoria humana, pero como vos decís, tal vez sea un interrogante sin respuesta. Sí creo que hay percepciones que tienen las plantas o los animales, y que nosotros hemos perdido parte de esa capacidad. Siento una curiosidad especial por los árboles y traté de que tengan un lugar importante en la película, en este trabajo hay una intención incluso, no sé si lograda, de escuchar a través de ellos, imaginar cómo escuchan, cómo vibran, lo que hay entre los árboles como se pregunta el poeta Juan L. Ortiz.

Por aquella máxima de que ‘Cuando cae un árbol en el bosque y no hay nadie, no sucedió realmente’, ¿tu búsqueda es estar y mostrar ese momento?
No lo había pensado así. Es como un momento imposible, pero está esa idea de ser testigo o prestarle atención a algo que normalmente no miramos e imaginar cómo es cuando no lo vemos. A veces pienso que podría permanecer horas en esa contemplación, algo que probablemente no le interese a nadie, es muy difícil de transmitir a través de una película que básicamente es un recorte y síntesis de algo. Pero creo que hay imágenes y sonidos que nos conectan, que compartimos y que nos permiten sentir lo mismo o evocar situaciones similares que hemos vivido. La película de alguna manera apela a eso, existe por eso.

¿Qué significa que la Lugones programe una retrospectiva de tus películas? ¿Te impulsa a rever y pensar tu propio trabajo?
Es un lujo, es una sala que quiero mucho, en donde la pasé muy bien y descubrí realizadores de distintos lugares del mundo y es el lugar donde se llevan a cabo muestras como el Doc Buenos Aires, de la que participé varias veces.

Y es cierto, también me obliga a una revisión de las películas que si bien las puedo ver en mi casa, no es para nada lo mismo verlas en una sala y con público, eso me pone muy ansioso. De alguna manera, con el estreno de «El mismo río» me doy cuenta de las conexiones que puede haber entre todas mis películas, las constantes, eso está muy bueno. 

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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