El vínculo entre un albañil y su aprendiz en el marco de las desiguales relaciones que se dan en el mundo del trabajo es el tema que atraviesa Última pieza, la película del debutante Luciano Romano que este jueves se estrena comercialmente.

“El proyecto se vino gestando desde el 2013, cuando yo trabajaba con mi papá en el gremio de la construcción como ayudante de albañil”, cuenta el director, sobre el aspecto personal de la génesis de la película.

En Última pieza, Edgardo (Néstor Villa), que acaba de perder a su hijo en un accidente de obra, desde hace años tiene como ayudante a Rodrigo (Javier Vaccaro), con quien mantiene una relación casi filial.

Pero el vínculo se empieza a resquebrajar cuando el joven, ante la inminencia de su propia paternidad, empieza a reclamar derechos laborales y busca obras más ambiciosas de cara a su nueva situación familiar.

“No todo es ruptura, pero cuando algo se transforma interiormente, ya no se puede volver atrás y para que haya una transformación, es importante cortar con ciertas cosas para poder salir debajo del ala de los padres”, explica Romano sobre el eje del conflicto en el relato.

¿Cuál fue el origen del proyecto?
El proyecto se vino gestando desde el 2013, cuando yo trabajaba con mi papá en el gremio de la construcción como ayudante de albañil y llegó un punto donde me animé a independizarme económicamente y laboralmente. Ese fue un momento bisagra en lo personal y en lo artístico porque a partir de ese año empecé a juntar y registrar materiales escritos, fotográficos y videográficos que conformaron junto con otras cosas de mi adolescencia algo así como un archivo sobre el trabajo en la construcción. Teniendo siempre ese contexto como marco, en 2015, cuándo pude filmar un cortometraje de ficción para una materia de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, tomé una parte de ese archivo que venía generando año tras año para escribir el guion del corto y posteriormente, cuando decidí hacer como tesis un largometraje de ficción, tenía esos registros más ampliados y volví sobre ellos. Siempre tratando de vincular lo familiar con lo laboral.

Los vínculos personales de los protagonistas son el centro de “Última pieza”. ¿Qué quisiste significar con esa relación padre e hijo?
Por un lado que las visiones que tienen los hijos son diferentes a las visiones y perspectivas de los padres y que esto se va acrecentando con el paso de los años, se potencian cuando uno crece. Por una cuestión generacional, por cuestiones de conducta o simplemente porque cada uno quiere hacer las cosas de otra forma y entiende que esa forma es la mejor. Sin embargo, hay continuidades, no todo es ruptura, pero cuando algo se transforma interiormente, ya no se puede volver atrás y para que haya una transformación, es importante cortar con ciertas cosas para poder salir debajo del ala de los padres. O incluso para salir de cualquier lugar inapropiado que ya no se siente tan bien o que hasta ese momento aparentaba ser lo mejor.

¿Qué fue lo que te interesó del mundo del trabajo para que sea en donde se desarrolla tu ópera prima?
Me interesaron dos aspectos. Primero el vínculo familiar atravesado por un accidente trágico en el trabajo; ese borde trágico siempre fue algo que quise poner de manifiesto. Y segundo, las condiciones laborales y la precarización a la que son sometidos algunos albañiles, no solo por quienes los contratan, sino también por quiénes son los patrones, que paradójicamente, también son albañiles, pero con más experiencia. La lógica de cierto maltrato laboral, a veces evidente y a veces solapado, fue algo que quería exponer.

La película habla también de las relaciones desiguales de poder, desde la diferencia generacional hasta el trato de los obreros con sus empleadores. ¿Creés que estas mecánicas se repiten en otros ámbitos? ¿el relato habla más allá de ese universo que retratás?
Sí, creo que las desigualdades están presentes en otros ámbitos laborales y para que el poder pueda ejercerse primero se tiene que invisibilizar para hacer su trabajo. El poder lo detentan personas sobre otras personas, esto es claramente una mecánica que se puede repetir en otros ámbitos laborales en mayor o menor escala, por ejemplo trabajando de delivery de comida, en un supermercado o en una empresa petrolera. Creo que cada ámbito genera sus propios códigos de relaciones; a veces hay que negociar y a veces no, el problema es que estas mecánicas muchas veces pasan desapercibidas y se da por sentado que deben ser de cierta forma y no de otra. Esto puede anular la capacidad crítica por parte de un laburante, deshumanizándolo y convirtiéndolo en un objeto.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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