La figura de Fanny Navarro, actriz icónica de la década del ’50 que adhirió al Peronismo y sufrió la persecución de la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955, es el foco de Fanny camina, de Alfredo Arias e Ignacio Masllorens, que participa de la Competencia Internacional del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici).

La película «tiene origen en la obra de teatro ‘Deshonrada'», cuenta Alfredo Arias y explica que el relato recorre «el derrotero de la vida de la actriz argentina, reviviendo episodios de su vida en la Buenos Aires de hoy, a la manera de un fantasma que revisita su historia en el ámbito que la vio gozar y padecer su propia existencia».

Protagonizada por Alejandra Radano, que también encarnó a Navarro en Deshonrada, la película reflexiona desde el melodrama sobre el fanatismo -de los militares contra el peronismo, de la propia actriz sobre María Eva Duarte de Perón- a través de un personaje frágil, detenido en el tiempo, que en un largo paseo por la ciudad del presente se cruza con personajes del pasado, perdiendo contacto con la realidad.

¿Por qué rescatar en el presente la figura de una actriz como Navarro?
Los personajes trágicos, como fue el caso de Fanny Navarro, no pierden interés con el transcurso del tiempo porque la violencia que han sufrido es una alarma pendiente para todos aquellos que se aventuran en el fanatismo político.

Justamente, la película habla de las persecuciones políticas que sufrió la protagonista y también del fanatismo. ¿Qué relación encuentra con esta época, en donde vuelve a estar tan presente la polarización y la intolerancia?
El fanatismo político de Fanny Navarro nace por una relación de amistad y de identificación con Eva Perón. Diría que se inicia casi imperceptiblemente y sin reflexión ideológica. Fanny se entrega en cuerpo y alma a una causa que la llevará a la ruina, porque después de la muerte de Eva será repudiada por Perón y su séquito. Y luego de la caída del peronismo, se transformará en el chivo expiatorio de la Revolución Libertadora. La película «Fanny Camina» expone la problemática del fanatismo contra el fanatismo, lo que lleva a la parálisis de toda evolución ideológica. La grieta es un momento sin diálogo; en consecuencia, un punto muerto en la historia de un pueblo.

¿»Fanny camina» podría haber sido interpretada por otra actriz que no fuera Alejandra Radano?
Alejandra tuvo un rol activo en la evolución de este proyecto que va mas allá de su participación como actriz, lo que le confiere un compromiso con el personaje verdaderamente profundo y valiente. La destrucción psicológica de Fanny Navarro, víctima de los mecanismos políticos, es sin ninguna duda una posibilidad única para una actriz, no solo para poner en juego sus capacidades histriónicas sino también para tomar posición frente a la historia de su país.

Como hombre de teatro, ¿qué elementos le aporta el lenguaje del cine a esta historia?
Es verdad, soy un hombre de teatro que se ha inspirado siempre en el cine. Este filme me ha permitido hablar de dos temas que han sido motivo de una constante reflexión: uno es la historia de nuestro país, con sus siempre sorprendentes y conmovedores episodios, y otro es la presencia de la ciudad de Buenos Aires.
La tragedia de una mujer y la vibración del laberinto de la ciudad nos ofrecen el personaje y el marco con que se desarrolla este melodrama político.

¿Cómo fue el trabajo en conjunto con Ignacio Masllorens?
La colaboración con Ignacio fue de una gran intensidad, puesto que pudimos compartir nuestra pasión por el cine, su historia, sus perspectivas y al mismo tiempo esos pensamientos y reflexiones pudieron ser experimentados en la realización del filme. Ignacio es un artista que posee una particular poética del cine que comparto y que ha hecho posible que esta película se atreviera a llevar la narración a sus propios límites.

¿Qué significa que la película forme parte de la Competencia Internacional del Bafici?
Sin ninguna duda esta presentación de Fanny Camina en la competencia es un momento único y particular en mi trayectoria, porque se concretan dos expectativas: la primera es la de reflejar mi imaginario en la pantalla, y la segunda proyectarlo en un marco prestigioso de la ciudad de Buenos Aires. Allí donde di mis primeros pasos artísticos y allí donde se sitúan mis raíces, que más tarde pude compartir con otras culturas. Esto no hubiera sido posible sin la creatividad de Ignacio, con quien mantengo un constante diálogo sobre el devenir del cine y sin la inestimable ayuda de Alejandro Arias, que timoneó la producción de la película.

Publicado originalmente por el autor en Télam.

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