Jose Pedro Diaz fue un poeta uruguayo de la llamada «generación del 45». Como muchos escritores y artistas de la primera mitad del siglo XX, se formó mirando a Europa, donde el viaje al viejo conveniente, y en especial a París, se consideraba un necesario rito de pasaje. Diaz cumplió este sueño/mandato en una extensa travesía iniciática entre 1949 y 1950 junto a su esposa, la poeta Amanda Berenguer y la documentó, como era también costumbre en la época, a través de un diario. Pero, de una manera ya más original para entonces, lo hizo también con filmaciones que realizaba, al principio con una cámara de 8 mm, a manera de testimonio de los lugares que recorrían y los personajes que conocían. 

A pesar de la importancia que Diaz parecía darle a este trabajo de registro, no lo dio a publicidad en vida y el mismo permaneció inédito hasta después de su muerte. Hasta que  Álvaro, hijo de Díaz y Berenguer las rescató de entre los papeles y objetos de su padre albergados en la Biblioteca Nacional de Uruguay y llegaron finalmente a manos del realizador Aldo Garay.

Lo que hace Garay aquí, es tomar este valioso material de archivo y combinarlo con el diario escrito, leído por Daniel Hendler asumiendo la voz de Diaz. Ambos registros corren en paralelo como si el propio Diaz los hubiese alguna vez pensado como parte de un mismo relato audiovisual. Pero esto no implica que el film se trate únicamente de un texto ilustrado o una crónica del viaje de dos escritores a la meca cultural del momento, aún si ésto ya de por sí tiene valor de documento. Es también de la travesía interna del propio Diaz por sus anhelos, angustias y dudas. 

Se trata en buena medida de la crónica de uno o más desencantos. Por un lado ante una Europa que en la posguerra ya estaba perdiendo parte de su gravitación y de su aura, y por el otro del escritor ante su propia vocación literaria. El hijo cuenta en un pasaje que a su padre le costaba mucho expresar sus emociones. Sin embargo, en su diario se muestra muy honesto con sus propias vacilaciones, llegando a dudar de su talento y considerarse fracasado como escritor. Díaz tuvo un reconocimiento en vida en su país y también en otros países como Italia, pero en sus propias palabras asistimos a la pregunta constante sobre el ser escritor, sobre el qué hace a un escritor, un estatus del que Dìaz permanentemente duda en relación a sí mismo y ve en sus coqueteos con otras disciplinas, como la fotografía o el cine, desvíos para no encarar seriamente su obra. Quizás también porque ya veía como Amanda estaba en una vía mucho más firme como poeta y llegaría con el tiempo a opacarlo.

El filmador es entonces no solo el testimonio de una época y de una clase, la de los intelectuales latinoamericanos y su relación oscilante con los centros culturales, sino también una reflexión sobre la literatura, el arte y la vida, entendiendo también la vida como arte o literatura, donde el  crear o escribir y el ser escritor o el ser artista formaban parte de un mismo proyecto. El hallazgo de las imágenes y las palabras de Díaz y lo que logra Garay en su contrapunto con ellas dan cuenta de esa experiencia muchas veces intangible.

EL FILMADOR
De Aldo Garay (Uruguay, 2022. 70 minutos)

BAFICI 2022 – Vanguardia y Género

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